De la batalla material a la batalla cultural |
La batalla actual por librar es cultural…. Ahora como pregunta: ¿la batalla decisiva es cultural?
Aceptar la formulación del conflicto bajo el enunciado afirmativo implica una claudicación importante: la de renunciar a asumir las contiendas en el cuadrante material de posiciones antagónicas dadas por la lucha de clases. Al colocar los términos de la pugna histórica y sobre todo, al convencer de que lo decisivo es su vector cultural, se inicia con una aplastante victoria la brega global de la extrema derecha (fascista a más precisión).
Pero así han sido las cosas cuando sectores progresistas aceptan que aquellos van ganando porque entendieron mejor que nadie la importancia de luchar por la hegemonía; es decir, habrían entendido mejor a Gramsci que la propia izquierda.
Tal es la estrategia coyunturalmente exitosa de amplias franjas de la ultraderecha: construir un escenario de confrontación en el ámbito cultural. Ahora, convencer de esto a quienes serían sus antagonistas, aplana el sendero para conducir toda discusión hacia la subjetividad. Lo siguiente es el deslizamiento cuesta abajo del subjetivismo sin fricciones.
Ya no la lucha por el poder o por la distribución de la riqueza. La lucha estaría entablada en la conquista del sentido común. Concerniente a esto, la supuesta apropiación de Gramsci tornaría más lúcida a la derecha extrema anarcocapitalista, a diferencia de una izquierda anquilosada y osificada:
“La pandemia enseñó que el Estado puede morir por abandono y que el antipolítico puede convertirse en profeta. En ese caldo venenoso, la extrema derecha construyó subjetividades con eficacia quirúrgica, articulando lo material con lo simbólico, lo estructural con lo emocional. Mientras tanto, nosotros, atrapados en nuestra estetización de la política, hemos olvidado que la ideología no es solo un relato sino una práctica histórica anclada en las condiciones concretas de vida”[1].
El autor de las líneas reivindica pues asumir la lucha cultural en unidad con la economía política; por ello concluye cómo presuntamente la derecha sí habría articulado ambas instancias, actuando en consonancia con haber leído y actuado sobre las condiciones materiales imperantes en la actualidad, tales como el “capitalismo de plataformas” y la “autoexplotación”. Eso explicaría estar obteniendo mejores resultados al partir del contexto histórico actual para avanzar políticamente e imponer su hegemonía.
No es el objetivo rebatir a un autor en particular, sino mostrar que adoptar las reglas del juego de tener-que ganar la batalla cultural es el mejor camino para seguir acumulando derrotas por estar en otro escenario que no sea el de la mera ideología.
Un empedrado camino teórico se preparó al adoptar aspectos secundarios como la microfísica del poder (Foucault)[2], lejos de examinar las determinaciones estructurales porque eso era ortodoxo y rancio marxismo.
Foucault propone una operación teórica........