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La CIA y el anticomunismo de la Escuela de Frankfurt

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10.08.2022

La teoría crítica de La Escuela de Frankfurt ha sido—junto a la teoría Francesa—una de las mercancías más codiciadas de la industria teórica global.

Juntas, sirven como una fuente común para muchas de las modas intelectuales que influencian los tipos de teoría crítica que actualmente dominan el mercado académico en el mundo capitalista, desde la teoría postcolonial y decolonial a la teoría queer, el afro-pesimismo y más allá. La orientación política de La Escuela de Frankfurt ha tenido como consecuencia un efecto fundacional en la intelligentsia globalizada del mundo occidental.

Las luminarias de la primera generación del Instituto de Estudios Sociales—particularmente Theodoro Adorno y Max Horkheimer, quienes serán el foco de este corto ensayo—son figuras fundamentales en lo que se conoce como marxismo occidental, o cultural. Para aquellos familiarizados con la reorientación de Jürgen Habermas que se aleja del materialismo histórico en la segunda y tercera generaciones de La Escuela de Frankfurt, este trabajo temprano frecuentemente representa una indiscutible era dorada de la teoría crítica, cuando aún estaba—aunque quizás de forma pasiva o pesimista—dedicada de alguna manera a una forma de política radical. Si hay un grano de verdad en esta presunción, solo existe en la medida en que la Escuela de Frankfurt temprana se compara a generaciones posteriores que reinventaron la teoría crítica como ideología radical liberal—o incluso, simplemente y sin tapujos, como ideología liberal. En todo caso, este punto de comparación pone la vara muy baja, algo que ocurre cuando uno reduce lo político a la política del mundo académico. Después de todo, la primera generación de la Escuela de Frankfurt vivió algunos de los enfrentamientos más cataclísmicos en la lucha de clases global del siglo 20, un periodo en el cual una verdadera guerra mundial intelectual estaba siendo peleada sobre el significado y el valor del comunismo.

Para evitar convertirnos en los tontos útiles de la historia, o caer en el provincialismo de la academia occidental, es por lo tanto importante re-contextualizar el trabajo del Instituto de Estudios Sociales en relación con la lucha de clases internacional. Una de las características más significativas en este contexto fue el intento desesperado, de parte de la clase capitalista dominante, sus administradores estatales e ideólogos, de redefinir la Izquierda—en las palabras de Thomas Braden, agente de la CIA y soldado de la Guerra Fría—como “compatible,” entendida como la izquierda no-comunista. Como Braden y otros involucrados han explicado en detalle, una faceta importante de esta lucha consistió en el uso de dineros de fundaciones y organizaciones-frente vinculadas a la Agencia como el Congreso para la Libertad Cultural (CCF) para promover el anticomunismo y atraer a izquierdistas a tomar posturas en contra de los socialismos existentes en el mundo.

Horkheimer participó por lo menos en uno de los eventos organizados por el CCF en Hamburgo. Adorno publicó en un diario financiado por la CIA, Der Monat, la revista más grande de su tipo en Europa y un modelo para muchas otras publicaciones de la Agencia. Sus artículos aparecieron también en otras dos revistas de la CIA: Encounter y Tempo presente. El también invitó a su casa, tuvo correspondencia y colaboró con el operador de la CIA que se podría considerar la figura principal en el movimiento alemán anticomunista Kulturkampf: Melvin Lasky. Fundador y editor en jefe de Der Monat, así como también miembro del comité original de dirección del CCF de la CIA, Lasky le dijo a Adorno que él estaba abierto a cualquier forma de colaboración con el Instituto de Investigación Social, incluyendo a la publicación de sus artículos y cualquiera otra declaración lo antes posible en sus páginas. Adorno aceptó su oferta y le mandó cuatro manuscritos que no habían sido publicados, incluyendo Eclipse of Reason (Eclipse de la razón) de Horkheimer, en 1949.

El colaborador de toda la vida de Horkheimer estaba de esa manera conectado a las redes del CCF en Alemania Occidental, y su nombre aparece en un documento, probablemente de 1958/59, que delinea planes para un comité exclusivamente alemán del CCF. Más aún, incluso después de que fue revelado en 1966 que esta organización de propaganda internacional era un frente de la CIA, Adorno continuó siendo “incluido en los planes de expansión del cuartel general [del CCF] en Paris,” lo cual era “lo usual en materia de negocios” de parte de Alemania bajo la vigilancia de Estados Unidos. Esta es apenas la punta del iceberg, como veremos, pero de ninguna manera sorprendente ya que Adorno y Horkheimer se elevaron y adquirieron prestigio a nivel global dentro de las redes privilegiadas de la izquierda anticomunista.

Un análisis dialéctico de la producción teórica

El análisis a continuación está basado en una explicación dialéctica de la totalidad social que sitúa las prácticas teóricas subjetivas de estos dos padres fundadores de la teoría crítica dentro del mundo objetivo de la lucha de clases internacional. Este análisis no acepta la línea de división arbitraria que muchos académicos pequeñoburgueses desesperadamente intentan erigir entre la producción intelectual y el amplio mundo socioeconómico, como si los “pensamientos” de alguien pudieran- y debieran-ser separados de sus “vidas,” o del sistema material de producción, circulación y recepción teórica, al que me referiré aquí como el aparato intelectual. Este tipo de suposición no-dialéctica, después de todo, no es mucho más que el síntoma de una aproximación idealista al trabajo teórico que presume la existencia de un reino espiritual y conceptual que funciona completamente independiente de la realidad material y de la política económica del conocimiento.

Esta presuposición perpetúa el fetichismo intelectual de las mercancías, entendido como la idolatría de los productos sagrados de la industria teórica que nos impide situarlos dentro del más amplio espacio de las relaciones sociales de producción y lucha de clases. También sirve los intereses de aquellos que tienen o aspiran a ser parte de alguna franquicia particular dentro de la industria teórica global, sea esta la “teoría critica de la Escuela de Frankfurt” o cualquier otra, porque protege la imagen de la franquicia misma (la cual se mantiene inmaculada de las existentes relaciones sociales de producción). Si bien el fetichismo intelectual de las mercancías es una característica principal del consumo dentro de la industria teórica, el manejo de la imagen de marca es el sello de la producción.

Para este tipo de análisis dialéctico, es importante reconocer que Adorno y Horkheimer en efecto sí movilizaron su actividad subjetiva en la formulación de críticas significativas del capitalismo, la sociedad de consumo y la industria de la cultura. Lejos de negar esto, yo simplemente quisiera situar estas críticas dentro del mundo social objetivo, lo cual requiere hacer una pregunta muy simple y práctica que raramente es escuchada dentro de los círculos académicos: ¿si reconocemos que el capitalismo tiene efectos negativos, que debemos hacer al respecto? Mientras más profundamente nos adentramos en sus vidas y su trabajo, filtrando el deliberado oscurantismo de su discurso, sus respuestas se vuelven más obvias, y se hace más fácil entender la función social primaria de su proyecto intelectual colectivo. Por más críticos que sean a veces del capitalismo, ellos regularmente afirman que no existen alternativas, y nada puede o en última instancia debe ser hecho al respecto. Más aun, como veremos, su crítica del capitalismo palidece en comparación a su categórica condena del socialismo. Su marca de teoría critica lleva en última instancia a una aceptación del orden capitalista ya que a su juicio el socialismo es mucho peor. Similar a la mayoría de los discursos académicos de moda en la academia capitalista, ellos proponen una teoría crítica que podríamos llamar Teoría ABS (Anything But Socialism): Cualquier Cosa Menos Socialismo.

Con respecto a esto, no es en lo más mínimo sorprendente que Adorno y Horkheimer hayan sido apoyados y promovidos tan extensamente dentro del mundo capitalista. Para apuntalar a la Izquierda no-comunista compatible por sobre y en contra del peligro de los socialismos realmente existentes, ¿qué mejor táctica que alabar académicos de este tipo como si fuesen los más importantes, o incluso los más radicales pensadores Marxistas del siglo 20? “El marxismo,” de esta manera, puede ser redefinido como una especie de teoría critica anticomunista que no está directamente conectada a la lucha de clases desde abajo sino más bien a un tipo de teoría que libremente critica todas las formas de “dominación,” y que en última instancia se pone del lado del control capitalista de las sociedades por sobre y en contra de los supuestos horrores “fascistas” de poderosos estados socialistas.

A raíz del hecho de que esta forma ignorante de anticomunismo ha sido promovida ampliamente dentro de la cultura capitalista, este intento de redefinición del marxismo tal vez no sea inmediatamente reconocible para algunos lectores como reaccionaria y socialmente chauvinista (en el sentido de que en última instancia eleva la sociedad burguesa por sobre cualquier alternativa). Desafortunadamente, grandes segmentos de la población en el mundo capitalista han sido indoctrinados por esta forma de respuesta mecánica basada en calumnias desinformadas, en vez de un análisis riguroso, cuando se trata de los socialismos realmente existentes. Ya que la historia material de estos proyectos-en vez de las historias de horror mitológico construidas propagandísticamente alrededor del cuco comunista- serán esenciales para entender el argumento que sigue, me he tomado la libertad de referir al lector al profundo y fructífero trabajo de historiadores como Annie Lacroix-Riz, Domenico Losurdo, Carlos Martinez, Michael Parenti, Albert Szymanski, Jacques Pauwels, y Walter Rodney, entre otros. También invito al lector a examinar las importantes comparaciones cuantitativas entre capitalismo y socialismo llevadas a cabo por exigentes analistas como Minqi Li, Vicente Navarro, y Tricontinental: (Institute for Social Research) Instituto de Estudios Sociales. Este tipo de trabajo es anátema a la ideología dominante, y con buena razón: examina científicamente la evidencia, en vez de basarse en caricaturas gastadas y reflejos ideológicos desinformados. Es el tipo de trabajo histórico y materialista, además, que ha sido en su mayoría oscurecido por las formas especulativas de teoría critica promovidas por la industria teórica global.

Los intelectuales en la era de la revolución y la lucha de clases global

A pesar de que sus vidas tempranas estuvieron marcadas por los eventos histórico-mundiales de la Revolución Rusa y el intento de revolución en Alemania, Adorno y Horkheimer eran estetas que desconfiaban del supuesto caos de la política de masas. Si bien su interés en el marxismo fue avivado por estos incidentes, era primariamente un interés de naturaleza intelectual. Horkheimer se involucró marginalmente en actividades relacionadas con el consejo de la república de Múnich después de la segunda guerra mundial, particularmente a través del apoyo a algunos participantes después de que el consejo fuera brutalmente reprimido. En todo caso, él-lo mismo es cierto a fortiori de Adorno- “continuó manteniendo su distancia de los explosivos eventos sociales de su tiempo y a dedicarse principalmente a sus preocupaciones personales.”

Su condición de clase está lejos de ser insignificante en este respecto ya que los posiciona, a ellos y a su visión política, dentro del más amplio mundo objetivo de las relaciones sociales de producción. Ambos teóricos de la Escuela de Frankfurt provenían de familias acomodadas. El padre de Adorno era un “rico mercader del vino” y el de Horkheimer era un “millonario” que “era propietario de varias fábricas textiles.” Adorno “no tenía ningún tipo de relación con la vida política socialista” y mantuvo toda su vida “una profunda aversión a la militancia formal de cualquier partido de la clase trabajadora.” Similarmente, Horkheimer no fue nunca “abiertamente miembro de ningún partido de la clase trabajadora.” Lo mismo es en general cierto de las otras figuras involucradas en los primeros años de la Escuela de Frankfurt: “ninguno de los que pertenecían al círculo de Horkheimer era políticamente activo; ninguno de ellos tuvo su origen en el movimiento obrero o en el marxismo.”

En las palabras de John Abromeit, Horkheimer buscaba preservar la supuesta independencia de la teoría y “rechazaba la posición de Lenin, Lukács, y los Bolcheviques que propone que la teoría critica debe estar ‘arraigada’” en la clase trabajadora, o más específicamente en los partidos de la clase trabajadora. El promovía a los teóricos críticos a operar como agentes libres intelectuales en vez de aterrizar su investigación en el proletariado, al cual veía como un tipo de trabajo al que denigraba como “propaganda totalitaria.” En su conjunto, la posición de Adorno, como la de Herbert Marcuse, fue resumida por Marie-Josée Levallée de la siguiente manera: “el partido Bolchevique, al cual Lenin transformó en la vanguardia de la Revolución de Octubre, era una institución represiva y centralizada que le daría forma a la Unión Soviética en su propia imagen transformando la dictadura del proletariado en su propia dictadura.”

Cuando Horkheimer tomó las riendas del directorio del Instituto de Estudios Sociales en 1930, su mandato estuvo caracterizado por preocupaciones especulativas sobre la cultura y la autoridad en vez de un análisis histórico materialista riguroso del capitalismo, la lucha de clases y el imperialismo. En las palabras de Gillian Rose, “en vez de politizar la academia,” el Instituto bajo Horkheimer........

© Rebelión


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