Tiempos modernos |
San Diego, California. Es primavera. Parada del 901. Un pequeño cartel, una gran huelga. ¿Quiénes paran? Los conductores de autobuses. ¿Qué exigen? No trabajar más jornadas de 13 horas ni los días de descanso, otro reparto del trabajo y el tiempo libre. ¿Por qué? «Estás aquí hasta las 7 de la tarde —explica una chofer al Union-Tribune— y cuando vuelves a casa, no tienes tiempo de hacer nada con tus hijos, ayudarles a hacer los deberes o preparar la cena. Tienes que darte prisa, meterlos en la bañera e irte a la cama para volver otra vez al trabajo a las cuatro de la mañana». La huelga dura cinco semanas.
Dubái, EAU. Un verano como cualquier otro. Voy en metro más allá de los rascacielos. Dejo atrás gigantescas torres eléctricas y tráileres blancos, verdes, azules. El sol quema. Polvaredas de arena. Una extraña comitiva de hombres cruza el desierto. ¿Adónde van? Hacia los campos de trabajo (Labor Camps), los monoblocks con guardias y cámaras de vigilancia que alojan a cientos de miles de migrantes. La mayoría trabaja en la construcción........