Los puntos críticos: el negociazo de los operadores privados que convirtió a Bogotá en un botadero a cielo abierto |
En los últimos años el debate público en Bogotá ha incorporado con mayor fuerza la problemática de los llamados puntos críticos de residuos en el espacio público, un fenómeno que, lejos de resolverse, se ha naturalizado hasta convertirse en parte del paisaje cotidiano de la ciudad bajo la administración de Carlos Fernando Galán. Lo que antes eran situaciones excepcionales, hoy se repiten en todas las localidades, afectando la movilidad, la salud pública, el ambiente, la percepción de seguridad y la calidad de vida de la ciudadanía.
Las cifras oficiales de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP) muestran que, con corte al 31 de diciembre de 2025, se registraban 478 puntos críticos, mientras que en diciembre de 2024 se contabilizaban 623 puntos críticos activos. A primera vista, esta reducción podría interpretarse como un avance en la gestión del problema, sin embargo, cuando estos datos se analizan en conjunto con la información presupuestal, los contratos vigentes y las decisiones administrativas adoptadas, surgen serias inconsistencias que ponen en duda la acción institucional.
Mientras la ciudadanía continúa reportando diariamente la acumulación de residuos en el espacio público, la Alcaldía ha configurado toda una estrategia para trasladar la responsabilidad a los comportamientos individuales, ocultando la incapacidad institucional para enfrentar de manera estructural una problemática que claramente supera la dimensión comportamental y responde a fallas profundas del modelo de aseo.
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