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Un terremoto y una maldición

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Alfred Hitchcock tenía una regla para construir el suspense: empezar con un terremoto y luego ir elevando la tensión. El 2026 arrancó siguiendo ese guion al pie de la letra.

El 3 de enero, en una operación que duró apenas dos horas y 20 minutos, fuerzas especiales estadunidenses irrumpieron en Caracas, capturaron a Nicolás Maduro (y a su esposa) y lo trasladaron a Nueva York para enfrentar cargos criminales. Trump anunció que Estados Unidos "manejará" Venezuela "el tiempo que sea necesario", aunque resulta difícil saber exactamente qué significa eso cuando el dictador cayó sin que cayera la dictadura: Delcy Rodríguez y el aparato chavista permanecen en el poder, ahora bajo tutela estadunidense, con el control del petróleo —y de los flujos de renta que genera— como verdadero eje de la reconfiguración en curso. No fue realmente un cambio de régimen; fue, en todo caso, un cambio de correa.

La captura se produjo el viernes. El fin de semana, sin permitir que la tensión bajara un instante, Trump amenazó a Colombia con una intervención similar, advirtió a Cuba que su turno se aproximaba, prometió "ayudar" a los manifestantes iraníes y reiteró su exigencia de que Groenlandia —territorio danés, país miembro fundador de la OTAN— se convirtiera en posesión estadunidense. El miércoles 7 de enero, mientras buques estadunidenses interceptaban en el Atlántico Norte un tanquero ruso de la "flota fantasma" que Moscú utiliza para evadir sanciones, Trump firmaba el memorando que retiraba a Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales, muchas de ellas pilares del sistema de Naciones Unidas. El jueves 8........

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