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El agotamiento del modelo Orbán

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19.06.2026

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).-La noche del 12 de abril las calles de Budapest volvieron a corear Ruszkik haza, rusos a casa. La consigna había nacido en 1956 frente a los tanques soviéticos que aplastaron la insurrección húngara. Setenta años después los húngaros la recuperaron contra una dependencia distinta, esta vez voluntaria, construida durante 16 años por Viktor Orbán. Tisza, el partido de Péter Magyar, obtuvo 55.26% y dos tercios del Parlamento. Fidesz cayó a 36.72%; el régimen iliberal más duradero de la Unión Europea perdió el poder de manera inapelable.

¿Cómo pasó? ¿Qué tanto podemos celebrar? Conviene examinar con cuidado ambas preguntas.

Orbán no fue derrotado por la oposición liberal tradicional, que llevaba más de una década siendo aplastada elección tras elección. Tampoco lo derribó una crisis externa. Lo que hizo caer al sistema fue su propia lógica interna, que durante años pareció su mayor fortaleza.

Desde su llegada al poder en 2010 Orbán construyó un Estado mafioso orientado a monopolizar el poder y enriquecer a la familia política de Fidesz. Siguiendo el modelo de Putin, que Anne Applebaum describió en Autocracy, Inc., absorbió la economía, los medios, los gobiernos locales, las instituciones culturales y los tribunales en una red jerárquica donde la lealtad se premiaba con acceso a recursos públicos. Su símbolo más visible fue Lőrinc Mészáros, plomero de pueblo y amigo de Orbán desde la infancia, convertido en el hombre más rico de Hungría.

El sistema funcionaba mientras hubiera reparto. Cuando la Comisión Europea cerró el grifo de los fondos estructurales por las violaciones del Estado de derecho, el botín comenzó a achicarse. El crecimiento anual del PIB se mantuvo entre 0 y 1% desde la pandemia. El apetito de los oligarcas, sin........

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