Caos
Uno de los síntomas de la profunda crisis civilizatoria que vivimos puede resumirse en la famosa frase que López Obrador pronunció el 6 de abril de 2022: “No me vengan con que la ley es la ley”. Independientemente de las motivaciones que llevaron al entonces presidente a pronunciarla, la frase expresa la temperatura de nuestra época: vivimos una especie de “estado de excepción” en el que, al menos en México, la ley ha dejado de operar y la restricción de nuestras libertades civiles no la ejerce el soberano en su condición de presidente o presidenta y en acuerdo con el Poder Legislativo, como lo señala el artículo 29 de nuestra Constitución, sino poderes de todo tipo diseminados a lo largo y ancho del territorio nacional.
Aun cuando la Constitución diga que tenemos derechos y garantías y que el Estado es su custodio, la realidad lo niega. Desde hace años los mexicanos vivimos un estado de excepción absoluto bajo el cual se nos puede secuestrar, desaparecer, matar, bloquear el libre tránsito, amenazar, extorsionar..., sin que el Estado haga otra cosa que mentir, maquillar cifras, controlar daños, cobijar criminales, dar espectáculos mediáticos como la captura y la muerte del Mencho, y perpetuar la excepcionalidad. La ley, como decía nuestro excelso prócer, no es la ley; cada vez lo es menos. Arrancada de las manos de la soberanía, la prerrogativa de la excepción dejó de ser facultad del Estado para pasar a manos de los poderes del dinero y de las armas, de........
