Julio Scherer García: 100 años de rectitud

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-Una tesis escrita desde la carencia, desde el deseo de ser deseado, con la que pedía ser visto, validado a través de otro, pero no cualquiera, un otro que disparara lo que me atravesaba: pasión por saber, y dudar de lo sabido. Reflejo para esta neurosis obsesiva Julio Scherer García, a quien admiré con miedo y sin prudencia ni cuidado; su aprobación era para mí un eco para un ego que nunca alcanzó ni fue suficiente. Mi tesis resultó ser un texto universitario impreciso, escrito con el ímpetu propio de la arrogancia, impaciencia e irresponsabilidad de mis veintitrés años. Fanático y reverencial frente a Don Julio, quien, creo, me inscribió la huella traumática que señala el camino para la construcción de un sujeto ético. Mis errores, trasmutar la admiración en idealización; al amo en héroe. Mi tesis es tan amorosa como frágil, intrépida e inconsistente. Sin embargo, se dibuja un estudiante atrevido, impúdico y quizá, valiente; locura genuina que respetó Fátima Fernández Christlieb, directora de la tesis y ejemplo para la vida buena, la que se respeta.

Hoy que soy profesor de periodismo exagero, disimulo, invento, y provoco como respuesta a los celulares y tabletas que hipnotizan, seducen y cooptan la atención de un alumnado regido y mediado por la pantalla electrónica. Grito, exijo, rompo, e increpo frente a la frustración que es impartir clases de periodismo (un oficio mortecino) para un mundo que ya no existe (analógico, bruto y genuino que intenta acceder a las inteligencias automatizadas del artificio generativo).

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La enseñanza del periodismo como error académico y tropiezo profesional, estampa y estalla en cada clase cuyo fin no tiene medio ni certeza ni faro; una licenciatura para una práctica marcada por la imposibilidad, la precariedad, lo caduco y lo absurdo; el oficio informativo ha sido sustituido por el consumo de lo viral como certeza, y la opinión como dato; X, Instagram, Facebook o Tiktok como la........

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