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Pagar sin saber, vivir sin exigir

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CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Se paga como si el Estado funcionara, pero el Estado funciona como si nadie pagara, esa es la contradicción que atraviesa hoy la experiencia cotidiana en México, se cumplen obligaciones fiscales, se aceptan tarifas y contribuciones, se sostiene el aparato público. Pero el ciudadano no puede identificar con claridad a dónde va su dinero, cómo se gasta, en qué se transforma ni qué retorno social produce en su vida diaria, cuando el pago se separa de la evaluación, el bienestar se vuelve una promesa abstracta y la democracia pierde uno de sus vínculos más elementales. El problema no es solo administrativo, es estructural, porque cuando la contribución no se traduce en servicios visibles, el ciudadano deja de percibir al Estado como garante y comienza a vivirlo como una presencia distante, intermitente o meramente recaudatoria, esa distancia tiene efectos que van mucho más allá de la calidad del bache o del alumbrado, afecta la cohesión social y la autoridad legítima.

Primero. México no es un país sin ingresos públicos, es un país sin trazabilidad comprensible del gasto, se pagan impuestos directos e indirectos, federales, estatales y municipales, pero el contribuyente carece de herramientas claras para vincular lo que aporta con los servicios que recibe. La rendición de cuentas se reduce a informes técnicos, cifras agregadas y documentos extensos que cumplen formalmente, pero que no permiten evaluar si el dinero público mejora o no la vida de las personas. Este modelo produce un efecto acumulativo, se paga sin exigir, se........

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