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AMLO, un príncipe maquiavélico

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25.10.2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- AMLO es un ente político. Lo es en un ciento por ciento. No más. Vive para hacer política: dominar, ejercer el poder, mandar y ser obedecido, hacerse temer sin retirar la mano de “amistad”; es paciente: sabe jugar, no tiene prisa. Los fracasos le enseñaron a esperar; en la espera llegó a conocer a sus adversarios y, sobre todo, a sus aliados y “amigos”.

No le interesan la música, la literatura, la buena comida o, en general, las artes. Al parecer le gusta la historia, la de México, la de los escritores tradicionales: don Gregorio Torres Quintero; la que ve en el pasado exclusivamente buenos y malos. No hay otra. No conoce la Historia moderna de México que dirigió don Daniel Cosío Villegas. Desprecia, por ensalzar a los que él considera antihéroes, la obra de Lucas Alamán.

Su concepto del futuro son los programas políticos y económicos que en dos etapas del pasado concibieron Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos. Los considera válidos. Para él las circunstancias no han cambiado.

Contrariamente a lo que pudieran desear sus adversarios y, por qué no reconocerlo, sus muchos enemigos, no es frívolo ni dado a las mujeres o al alcohol. En esas actividades se pierde mucho tiempo, energía y salud.

Entre los griegos se desconfiaba de los abstemios, y con razón: les sobra tiempo para estar maquinando cosas malas y algunas buenas; son dados a “innovar”, en el sentido de cambiar la naturaleza y forma de lo público. Según sus palabras, no le importa el dinero. Para desgracia de muchos, es austero; se conforma con un vivir discreto. Estoy hablando de él, no de los que lo rodean o........

© Proceso


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