CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La visita del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a Medio Oriente tuvo como principal objetivo estrechar víncu­los en las deterioradas relaciones con Arabia Saudita, evidentemente buscando el incremento de la producción petrolera para disminuir el precio del petróleo y lograr el favor de sus votantes. Lo hizo dispensando muchas de las expresiones negativas respecto a ese país, luego del asesinato del periodista Jamal Khasoggi­ en 2018 en su embajada en Turquía, que involucraba al príncipe heredero Mohamed ben Salmán, a quien debió darle un saludo que a la vista de los presentes no resultó muy sincero. Y el país ya había retirado a los hutíes, los combatientes en Yemen, ante el inclemente bombardeo de los árabes, de la lista de las organizaciones terroristas para manifestar su desa­cuerdo respecto a una guerra que ha arrojado cientos de miles de víctimas.

Su intención está relacionada con la tendencia que se perfila con Israel y Turquía para detener a Irán en el nuevo diseño del Medio Oriente. Para lo cual buscaba reforzar su relación con el primero, sobre todo después del fracaso de los Acuerdos de Abraham con los que el presidente Trump pretendía alcanzar la paz con los palestinos, sin involucrarlos en las negociaciones. Pero está claro que la región no siempre reacciona de acuerdo con lo dispuesto por Estados Unidos, como sucedió recientemente con su salida de Afganistán. También el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha demostrado al mismo tiempo su interés en la región por el factor de la guerra en Ucrania y el reparto de los hidrocarburos, y en un muy intensivo mes de julio tuvo encuentros con sus líderes: desde Emiratos Árabes, Israel, Arabia Saudita, con Egipto y Palestina.

No era necesaria la visita de Biden para mostrar la complejidad de la región y la dificultad para alcanzar acuerdos. En los días previos a la visita, Hezbolá lanzó dos drones sobre el campo de Karish, la zona marítima disputada entre Israel y Líbano, buscando el control de los hidrocarburos, tan necesarios para el desarrollo de ambos países. Con esa acción insistió en demostrar su presencia, porque se le niega existencia al calificarlo sólo como terrorista siendo que, además de contar con más armamento que el Estado libanés, ha conseguido en el electorado ser la fuerza política dominante en ese país.

El asunto se adelantó a las manifestaciones de protesta realizadas en campos palestinos el 14 de julio contra la presencia del presidente estadunidense en un guion ya representado en ocasiones semejantes. Su visita a Jerusalén, en la zona ocupada por Israel, mostró su actitud en favor de los dos Estados, como lo han expuesto igualmente otros gobiernos del Partido Demócrata, aunque no signifique mucho en el statu quo.

En su escala puso de manifiesto su interés en el proceso de paz israelí-palestino, como lo han hecho otros presidentes, pero sin nada más que observar las formas políticas. En Belén estrechó la mano de Mahmoud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, para la fotografía, quien inesperadamente señaló: “Señor presidente, esto es un apartheid”, para referirse a la situación que viven los palestinos. Estuvo acompañado por el apoyo de una ONG israelí de defensa de los derechos humanos que condena el régimen discriminatorio que impera en los territorios ocupados, eludiendo las intenciones del gobierno israelí de desviar a la comitiva de esa trayectoria. Visitó el hospital Augusta Victoria, rechazando la compañía de una representación israelí, mostrando su respeto a su soberanía solamente sobre el lado occidental de Jerusalén, lo que por supuesto no contradice su aceptación como capital de Israel.

Biden expresó “su felicidad por reencontrarse con su amigo” Abbas. En la sala de conferencias se exhibía adosado a un muro el retrato de la periodista de Al-Jazeera, Shirine Abou Akleh, asesinada el 11 de mayo supuestamente por un guardia israelí, caso en el que se espera aún el juicio que aclare los hechos, como se ha prometido; Biden pronunció su nombre en tono muy bajo al expresar la voluntad de Washington en insistir en transparentar su muerte.

Abbas insistió en el retiro de la calificación impuesta a la OLP por el gobierno estadunidense de la lista de entidades terroristas (en la que también está Hezbolá), el congelamiento de los asentamientos israelíes y el cese de la violencia contra los palestinos.

Casi al mismo tiempo Hassan Nasrallah, el líder de Hezbolá, suscitaba inquietud en Líbano, de por sí en plena crisis, avalando el discurso de su diputado Mohammad Road, quien afirmó que el Partido de Dios no quiere la guerra pero está dispuesto a ella si no se resuelve el litigio fronterizo marítimo con Israel. La evocación de una guerra busca insistir en que no renunciarán a explotar lo que consideran “nuestros hidrocarburos y a delimitar nuestras fronteras”, en lo que asumen como un asunto de dignidad. Algo que se había puesto de manifiesto con el envío de drones a la plataforma comprada por Israel que iniciará sus funciones el próximo septiembre, mientras los libaneses siguen con discusiones inacabables sobre su jurisdicción fronteriza.

Además de reforzar sus relaciones con Israel, la visita de Biden permitió el reencuentro con Arabia Saudita, ofreciéndose como intermediario, tal como lo puso de manifiesto al ser uno de los primeros pasajeros de la línea aérea que cubrirá Tel Aviv-Jeddah. Asimismo, como siempre se espera de sus visitas, hizo patente su apoyo millonario a sus aliados. También ofreció un paquete de mil millones de dólares para ayuda alimentaria en Medio Oriente y el norte de África. Y, para corregir una medida de su antecesor, prometió 200 millones a la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, así como apoyo para que puedan acceder en los territorios ocupados a las redes de internet móvil 4G.

El nuevo diseño de Estados Unidos para el Medio Oriente no es, pues, tan nuevo; eso sí, permite, como lo han expresado otros, continuar financiando la ocupación israelí de los territorios, es decir, mantener el statu quo.

Este análisis forma parte del número 2388 de la edición impresa de Proceso, publicado el 7 de agosto de 2022, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

QOSHE - Biden en Medio Oriente y el “statu quo” - Carlos Martã­nez Assad
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close
Aa Aa Aa
- A +

Biden en Medio Oriente y el “statu quo”

4 1 0
12.08.2022

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La visita del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a Medio Oriente tuvo como principal objetivo estrechar víncu­los en las deterioradas relaciones con Arabia Saudita, evidentemente buscando el incremento de la producción petrolera para disminuir el precio del petróleo y lograr el favor de sus votantes. Lo hizo dispensando muchas de las expresiones negativas respecto a ese país, luego del asesinato del periodista Jamal Khasoggi­ en 2018 en su embajada en Turquía, que involucraba al príncipe heredero Mohamed ben Salmán, a quien debió darle un saludo que a la vista de los presentes no resultó muy sincero. Y el país ya había retirado a los hutíes, los combatientes en Yemen, ante el inclemente bombardeo de los árabes, de la lista de las organizaciones terroristas para manifestar su desa­cuerdo respecto a una guerra que ha arrojado cientos de miles de víctimas.

Su intención está relacionada con la tendencia que se perfila con Israel y Turquía para detener a Irán en el nuevo diseño del Medio Oriente. Para lo cual buscaba reforzar su relación con el primero, sobre todo después del fracaso de los Acuerdos de Abraham con los que el presidente Trump pretendía alcanzar la paz con los palestinos, sin involucrarlos en las negociaciones. Pero está claro que la región no siempre reacciona de acuerdo con lo dispuesto por Estados Unidos, como sucedió recientemente con su salida de Afganistán. También el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha demostrado al mismo tiempo su interés en la región por el factor de la guerra en Ucrania........

© Proceso


Get it on Google Play