CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El resultado de las elecciones del pasado 25 de septiembre en Italia arroja como clara vencedora a Giorgia Meloni, quien ideológicamente es ubicada en la ­ultraderecha.

Las elecciones tuvieron tres novedades. Primero, el triunfo de una mujer, hecho inédito en la historia política de Italia. Segundo, es una mujer que proviene de las filas políticas de la ultraderecha, admiradora de Benito Mussolini. Y tercero, fueron las elecciones con el más bajo nivel de participación electoral en la historia moderna de Italia: sólo votó 60%.

Giorgia Meloni va a ser la primera ministra italiana más joven y más derechista. Así titularon varios medios italianos. Uno de los principales lemas de su campaña electoral fue: “Ha llegado el momento de que una mujer dirija Italia”.

Sin embargo, surge una primera paradoja: Meloni no acompaña las demandas y reivindicaciones feministas. Por el contrario, se muestra reacia respecto a los derechos de las mujeres. Meloni no es tan católica como lo requiere la envoltura derechista. Tiene una hija y pareja, pero no se ha casado ni por lo civil ni por la Iglesia. Segunda paradoja, Meloni reivindica y proclama fortalecer la familia tradicional.

Sin duda Meloni gobernará Italia. Es católica, conservadora, ultranacionalista, anti-Unión Europea, antinmigrantes y contraria al aborto. Su lema de campaña: “Dios, patria y familia”, coincide en muchos aspectos con una sociedad patriarcal, en la que los derechos de la mujer, según muchos observadores, podrían dar retrocesos.

La victoria de la derecha en Italia refleja las mutaciones en curso en Europa. El viejo continente se cimbra otra vez ante una nueva ola ultraderechista. Italia, país fundador de la Unión Europea, ha elegido un gobierno y una primera ministra ultranacionalista que repele las políticas de la Unión, consideradas intervencionistas.

El triunfo de Fratelli d’Italia, el partido de Giorgia Meloni, lleva a preguntarnos: ¿Se asiste a un nuevo ascenso de la derecha extremista en Europa? La guerra en Ucrania ha nublado todo. El debate y los temores no son nuevos. En 2016 las alarmas se incrementaron. Tras el referéndum sobre el Brexit y la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, muchos pronosticaron un repunte de partidos nacionalistas y euroescépticos que felizmente no llegaron a materializarse.

El año pasado, el éxito de los socialdemócratas de Olaf Scholz en Alemania insinuaba que las fuerzas conservadoras estaban replegadas. Luego vino la votación de las elecciones presidenciales en Francia; Marine Le Pen quedó en segundo lugar pero obtuvo un resultado récord de más de 13 millones de sufragios, equivalente a más de 41% de los votos. Ahí está el conservador Andrzej Duda, presidente de Polonia desde 2015. Tampoco debemos dejar atrás a Vox, de Santiago Abascal, en España, que ha tenido una expansión notable.

Meloni centró su campaña en cuestiones identitarias, esto es: nacionalismo italiano, civilización cristiana, valores de las familias italianas tradicionales. Supo captar el llamado voto “antipolítico”; esto es, rechazo a la clase política convencional en Italia. Sin embargo, aun con las alianzas del bloque derechista junto con los partidos de Silvio Berlusconi y Matteo Salvini, no alcanza a representar a la mayoría de la ciudadanía en la cultura política italiana.

El ascenso de Meloni plantea muchas interrogantes respecto a su relación con la Iglesia italiana y en particular con el Papa Francisco. Una gran pregunta que flota en Roma es: ¿Cómo coexistirán la futura primera ministra italiana con un Papa latinoamericano, defensor de los inmigrantes, que aboga por combatir el cambio climático y que dialoga con musulmanes, ateos y homosexuales?

En junio pasado Giorgia Meloni resumió su ideología, arengando en un mitin lo siguiente: “Sí a la familia natural, no a los lobbys LGBT; sí a la identidad sexual, no a la identidad de género; sí a la cultura de la vida, no al aborto como abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista; sí a las fronteras seguras, no a la inmigración masiva”.

El presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), Matteo Maria Zuppi, arzobispo metropolitano de Bolonia, ha saludado el triunfo electoral de Meloni pero no le otorga ningún cheque en blanco. El periódico italiano La Stampa le preguntó: ¿Conoce a Giorgia Meloni? Porque una parte de la galaxia católica está preocupada en que sus posiciones no están en consonancia con la doctrina social de la Iglesia. ¿Cómo se acercará a la primera ministra de Italia?

Zupi respondió: “Con respeto, como para cualquiera que ejerza esta altísima tarea. Es un momento difícil para todos. Requiere una discusión consciente. Incluso la necesaria dialéctica entre la mayoría y la oposición no puede dejar de tener en cuenta este desafío. Y por tanto del interés nacional, que debe prevalecer sobre el interés partidista… La Iglesia ejercerá su influencia sobre todo para que todos, empezando por los más débiles, estén protegidos, en el convencimiento de que sólo juntos saldremos de ella. Tendremos una mirada atenta y severa a las opciones del nuevo gobierno, que deberá responder a la necesidad del bien común y no a ‘ganancias’ personales o partidistas”.

Hasta el momento el Vaticano ha guardado silencio. Sin duda desplegará su experiencia diplomática. Meloni y Francisco tienen posturas muy distintas, casi antagónicas sobre el devenir de la humanidad y de la fe.

Los sectores tradicionalistas de la Iglesia acogen con entusiasmo a Meloni sabiendo que encontrarán su eco y apoyo. En efecto, los malquerientes de Francisco se fortalecerán.

Para Francisco no será una relación fácil, sobre todo cuando Meloni y los conservadores han manipulado el discurso religioso para fundamentar sus posturas ideológicas. La doctrina social de la Iglesia y Francisco tienen enfoques irreconciliables –excepto el aborto– con la mayoría de las posiciones de la derecha italiana y europea.

Cuestiones como la inmigración o las políticas medioambientales, la colaboración internacional, el multilateralismo, el funcionamiento de la UE, la universalidad con la que Francisco piensa frente al estrecho nacionalismo radical que termina siendo excluyente. Se avecina en términos político religiosos un choque de trenes.

Análisis publicado el 23 de octubre en la edición 2399 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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La ultraconservadora Giorgia Meloni frente al Papa Francisco

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28.10.2022

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El resultado de las elecciones del pasado 25 de septiembre en Italia arroja como clara vencedora a Giorgia Meloni, quien ideológicamente es ubicada en la ­ultraderecha.

Las elecciones tuvieron tres novedades. Primero, el triunfo de una mujer, hecho inédito en la historia política de Italia. Segundo, es una mujer que proviene de las filas políticas de la ultraderecha, admiradora de Benito Mussolini. Y tercero, fueron las elecciones con el más bajo nivel de participación electoral en la historia moderna de Italia: sólo votó 60%.

Giorgia Meloni va a ser la primera ministra italiana más joven y más derechista. Así titularon varios medios italianos. Uno de los principales lemas de su campaña electoral fue: “Ha llegado el momento de que una mujer dirija Italia”.

Sin embargo, surge una primera paradoja: Meloni no acompaña las demandas y reivindicaciones feministas. Por el contrario, se muestra reacia respecto a los derechos de las mujeres. Meloni no es tan católica como lo requiere la envoltura derechista. Tiene una hija y pareja, pero no se ha casado ni por lo civil ni por la Iglesia. Segunda paradoja, Meloni reivindica y proclama fortalecer la familia tradicional.

Sin duda Meloni gobernará Italia. Es católica, conservadora, ultranacionalista, anti-Unión Europea, antinmigrantes y contraria al aborto. Su lema de campaña: “Dios, patria y familia”, coincide en muchos aspectos con una sociedad patriarcal, en la que los derechos de la mujer, según muchos observadores, podrían dar retrocesos.

La victoria de la derecha en Italia refleja las mutaciones en curso en Europa. El........

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