¿Y si cambio? Del “Yo puedo sola” al “Gracias por estar aquí” |
“Tranquila, no te preocupes, yo puedo sola”. ¿Cuántas veces hemos pronunciado esta frase como si fuera un escudo de honor? La escucho a diario en mi trabajo, en las reuniones familiares y con amigas. Es la respuesta automática de la mujer que ha sido educada bajo el dogma de la fortaleza inquebrantable. Es la respuesta que damos cuando una hermana, una amiga o la pareja nos ve desbordada y nos tiende la mano con un genuino: “Estoy aquí para lo que necesites, déjame ayudarte”.
Ese “yo puedo sola” no es solo una frase; es una creencia arraigada que, aunque parece empoderarnos, muchas veces se convierte en nuestra propia trampa. La traemos desde la infancia, cuando crecimos escuchando: “No necesitas a nadie para salir adelante”, “Sé fuerte”, o la más peligrosa: “Mejor no pidas ayuda para no tener que agradecerle nada a nadie”.
La trampa de la fortaleza absoluta
Desde la Psiconeuroinmunología (PNI) entendemos que el cuerpo no distingue entre una amenaza externa y una presión interna autoimpuesta, que estas creencias no son........