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¿Y si cambio? De la energía de la queja disfuncional al poder de la gratitud

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11.06.2022

La cultura de la queja se ha ido profundizando en la mente del ser humano, producto en muchos casos, de la secuencia de situaciones adversas por las que transita o ha transitado. La queja también nace de la inconformidad que se siente cuando algo o alguien no funciona o actúa como se espera.

Quedarse atrapada (o) en la energía de la queja o en el reclamo constante es sinónimo de resentimiento, molestia y frustración que, inevitablemente, neutraliza la búsqueda de soluciones, lo cual, a su vez da pie a una conducta que se torna agresiva, perturbando la interacción social, laboral y familiar.

Quizá te preguntes si la solución sería guardar silencio sobre lo que, según la percepción, está funcionando inadecuadamente. La respuesta es No. Se trata de expresar con asertividad cualquier inconformidad sin que represente un desgaste emocional.

Ahora bien, la queja puede ser funcional o disfuncional. La primera, activa la búsqueda asertiva de soluciones y contribuye a recibir el apoyo requerido. La segunda, solo se concentra en la crítica destructiva, el desprecio y el juicio, que en nada contribuye a solucionar, al contrario, genera agotamiento emocional y físico, afecta la salud mental y su conexión equilibrada con el cuerpo y el espíritu.

La queja disfuncional y sus efectos

La cultura de la queja disfuncional se aprende en los entornos familiares y sociales, cuando solo........

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