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Algo está podrido

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“Algo está podrido en el Estado de Dinamarca”, escribe Shakespeare en su obra Hamlet. 

Es inevitable pensar que éste comentario aplica al momento histórico que Colombia está atravesando en este preciso momento. A menos de cinco semanas de la primera vuelta de las elecciones Presidenciales hay una ola de violencia in crescendo que hace cundir el temor en el electorado y convierte el tema de seguridad prioritario dentro del común de los colombianos. Al tiempo, los mismos funcionarios del Gobierno denuncian un nivel de corrupción dentro de los más altos estamentos del mismo.

Iván Cepeda, el candidato que encabeza las encuestas, como Senador de la República abogaba por el diálogo. Ahora, como candidato Presidencial, ha optado por rehuirlo y se mantiene alejado de la controversia con sus contrincantes. Igualmente opta por no tocar a fondo cómo va a enfrentar el tema de la corrupción. Razón tiene de no hacerlo. 

Cepeda es el más grande beneficiado de la munificencia con que a través del sinnúmero de mecanismos a su alcance, le otorga el Gobierno de Gustavo Petro a su campaña Presidencial. No hay para ello consideración ninguna al Orden Jurídico ni al ético. Al no haber logrado imponer un gobierno autocrático, optó por imponer una cleptocracia. Esta pretende que su régimen logre continuidad, a pesar de que para lograrlo ha empeñado los futuros ingresos del Estado. Se ha ocasionado un desorden fiscal sin precedente cercano, al tiempo que Crédito Público está teniendo que pagar primas altísimas para lograr el endeudamiento con que viene financiando un desequilibrio total del sector público. 

Sin embargo, en las elecciones de Congreso se probó que es posible vencer el poder del dinero invertido por el gobierno, por lo que tengo la convicción de que el candidato que vencerá será el que vaya en contra de la continuidad del Régimen. La victoria conlleva un desafío inmenso para cada uno y todos los ciudadanos comprometidos con un Estado de Derecho que proteja la iniciativa y la propiedad privada. 

Cito a Anne Applebaum, historiadora y periodista, ganadora del Premio Pulitzer, hoy comentarista del Atlantic: “Previo a que una Nación pueda ser reconstruida, antes que nada, sus ciudadanos tienen que entender cómo ésta fue destruida; cómo sus instituciones fueron debilitadas paulatinamente; cómo se torció el lenguaje; cómo su gente fue manipulada”. 

Lo anterior describe el desafío que tenemos todos los que asumamos la responsabilidad de hacer cuanto esté a nuestro alcance para lograr rescatar los valores que han ido diluyéndose “gota a gota”, a través de los últimos decenios del Siglo XX hasta la fecha. 

Fue nuestra generación la que permitió que esta debacle sucediera. Será la generación de nuestros nietos la que inicie la construcción de una sociedad ajena a la corrupción, ausente de violencia, donde la dinámica de movilidad social impacte en el bienestar generado por el crecimiento económico de un país con potencial infinito.


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