En casa de herrero, cuchillo de pasilla |
¿Por qué tradicionalmente tomamos tan mal café los colombianos, produciendo uno de los más ricos, premiados y reconocidos del mundo?
La pregunta no es nueva. Ayuda a entender una paradoja que se ha construido con el tiempo: un país productor de cafés suaves, equilibrados y aromáticos que desarrolló un gusto marcado por el amargor, el tostado alto y la aspereza. No se trata de una contradicción reciente.
Es el resultado de la historia que tenemos con nuestro producto insignia. Durante muchos años, el mejor café que producía el país tuvo un destino claro: la exportación. Esa decisión, respaldada por un marco normativo que en el lenguaje cotidiano se conocía como la “ley de ripio y pasilla”, buscaba proteger........