Un mundo raro |
La Fundación Friedrich-Ebert-Stiftung, que lleva el nombre del primer presidente alemán elegido democráticamente, tiene una muy interesante publicación periódica -International, Politics and Society, que toca diferentes temas de actualidad con mucha objetividad.
Por ejemplo, en su edición del 10 de abril del año en curso incluye los siguientes párrafos: “Es difícil pensar en un día con la misma ansiedad que el 7 de abril de 2026. Haciendo su mejor imitación de Darth Vader, -el personaje de Star Wars- Donald Trump anunció a través de Truth Social que ‘toda una civilización morirá esta noche, sin volver jamás’, desatando lo que el Wall Street Journal llamó un ‘frenético juego global de adivinanzas sobre sus verdaderas intenciones’.
Aunque se presumía que esto era una versión de la diplomacia del ‘perro rabioso’, con el inusual giro de que Trump parecía ser el que apenas se contenía con la correa, el día tuvo la incómoda quietud de la antesala a la guerra de Irak — el mundo entero esperando que ocurriera algo realmente terrible e irrevocable”. “Así que, como es lógico, el anuncio repentino e inesperado de un alto el fuego es un inmenso alivio para todos los implicados.
Aparentemente, Trump ha encontrado su ‘salida con Irán’, como dijo The New York Times, y el fatal curso de colisión entre dos potencias —con los mercados energéticos mundiales secuestrados en el intercambio— ha sido, por el momento, evitado”.
Algo similar parece estar ocurriendo en Colombia. El perro rabioso y su manada parecen estar preparando su salida dejando el contagio con los de su manada. Para eso procura proteger a los que están encerrados en las cárceles, de manera que puedan seguir haciendo fechorías y contagiando a otros cuantos para que sigan su ejemplo.
Debe ser muy fácil contagiarse en una perrera. Las experiencias recogidas en nuestro país a lo largo de las actuaciones del presente gobierno, particularmente las formas de hacer politiquería, deben servirnos de modelo para aprender a elegir, a través del voto (que debe ser la mejor y la única manera de hacerlo) la importancia de escoger a los verdaderos líderes de la democracia.
Las informaciones y las experiencias reveladas, sobre muchos “servidores públicos” no solo en los empleos sino también y especialmente en los cargos de elección popular, deben enseñarnos a medir los alcances de nuestras decisiones como ciudadanos en ejercicio. No podemos ignorar ni soslayar las consecuencias de nuestras decisiones. Somos el pueblo, y en una verdadera democracia es el pueblo quien toma las decisiones.
Horacio Ayala Vela
Consultor