No se necesita universidad en Catatumbo
El Gobierno Nacional ha reiterado su intención de construir una universidad en el Catatumbo. Esto se presenta como elemento esencial de la estrategia de presencia estatal en una de las regiones más rezagadas del país. Se habla de aulas, laboratorios y espacios de bienestar, en formatos constructivos rápidos, como respuesta a la urgencia territorial.
Aquí es fácil estar de acuerdo con el diagnóstico del Ejecutivo, pero la solución propuesta está lejos de ser viable y confunde acceso con infraestructura. Una universidad no es un conjunto de edificios. Es un intrincado sistema de gobierno, planta docente, procesos académicos, investigación, bienestar, financiamiento y condiciones de calidad.
Cada programa debe contar con registro calificado y sus posteriores acreditaciones de calidad. Nada de esto se resuelve con un titular. Diseñar y poner en marcha un proyecto de educación terciaria es un emprendimiento social de altísima complejidad que puede tardar décadas en alcanzar estabilidad operativa y financiera.
Adicionalmente, la experiencia nos muestra que una entidad territorial puede tener costos muy altos, dadas ineficiencias inherentes y la imposibilidad de economías de escala. Por ejemplo, dependiendo de cómo se hagan las cuentas, un estudiante de la Universidad Nacional, sede San Andrés, puede costarle al erario hasta $100 millones año.
Y qué decir de la viabilidad operativa. ¿Quiénes serán los docentes con estudios superiores dispuestos a radicarse en zonas de alta complejidad? ¿Lo mismo para decanos y directivos? ¿Cómo se sostendrá la calidad académica? ¿Cuántos años para cumplir condiciones de funcionamiento? Y no es necesario que sigamos esta ruta.
El problema no es la ausencia de una universidad física, sino la carencia de trayectorias educativas. Existen modelos probados que permiten llevar a los territorios educación pertinente de forma efectiva y eficiente. La Universidade Aberta do Brasil (UAB) o la Indira Gandhi National Open University (IGNOU) son ejemplos contundentes de cómo formar a millones de jóvenes bajo un modelo a distancia, flexible y multimodal.
En estos casos el principio ha sido claro: no se crean entidades desde cero, se extiende la capacidad instalada. Colombia no es ajena a estas capacidades. Desde hace más de 20 años se crearon los Centros Regionales de Educación Superior (CERES).
Por otro lado, la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) es actualmente la institución de formación superior con mayor número de estudiantes matriculados. A esto se suman las instituciones públicas y privadas que ya trabajan en territorios mediante esquemas flexibles y virtuales.
La discusión no es si el Catatumbo necesita educación. Es sobre cómo llevarla de manera sostenible. Un gran campus universitario en El Tarra no traerá prosperidad sino frustraciones. Las regiones no necesitan promesas de ladrillo. Necesitan sistemas que funcionen.
Eduardo Behrentz
Rector@UniGermana.edu.co
