Víctor Corcoba Herrero: «Paz en la tierra y poesía en las alturas»
La calma que Jesús nos confiere en este meditativo tiempo de Semana Santa no sigue los cauces del mundo, que piensan obtenerla por la fuerza del poder, con las conquistas e imposiciones dominadoras, haciendo valer los intereses opresores en lugar del espíritu donante. Son dos modalidades, tan distintas como distantes; la del Señor sustentada en el camino de la mansedumbre y la de la cruz, de la que todos debemos hacernos cargo, aunque tampoco sea fácil de acogerla por nuestros intereses mundanos; y, la otra, aquella que nos ofrecen los opulentos, basada en la supremacía, que después suele reconducirnos al odio y a la traición entre sí, con la consabida amargura en el alma, dejándonos fuera de vocablo coherente, entre lo que decimos y luego obramos, sin apenas sonrisa alguna.
Por cierto, a poco que ahondemos en la verdadera fiesta armónica divina, nos daremos cuenta que tenemos que desarmarnos, a la luz de las alegorías místicas del Evangelio, que son el espíritu contemplativo orante, la ternura en vez del temor y el castigo, el perdón y el amor gratuito al prójimo que debe costarnos, para que sea auténtico. Sin duda, es así como se lleva la alianza de las alturas a estas bajuras, con un sentido inequívoco de lo que está bien y lo que está mal, sostenida con una visión basada en el afecto, la moralidad y la acción colectiva. Sea como fuere, la mejor cognición es trabajar fusionados, con lenguajes de tolerancia y de respeto mutuo, que promuevan el atenderse y el entenderse, bajo el cultivo de la empatía, que es lo que aviva la mano extendida y el pulso compartido.
Desde luego, para que nos cohabite el acuerdo en la tierra y el verso en los cielos, se requiere que pasemos de la codicia que llevamos mar adentro a la caridad que nos hace libres, subrayando el poder de la reflexión ética y la acción compasiva a la hora de abordar los retos actuales. Lo sustancial es dejar que tomen valor y valía comportamientos y modos de vivir enfocados al respeto por la vida, los seres humanos y sus derechos. Por tanto, nadie........
