Víctor Corcoba Herrero: «Capacitar a todas las familias; para que nadie tiemble de frío»

Nuestro principal deber es hacer comunión y comunidad, generar vínculos y tomar el aire de los sueños compartidos. Sin calor de hogar, nada somos, necesitamos sentirnos cobijados y acompañados. Cualquier ser pensante, que se sienta solo en el planeta, es un ser que tirita de crudeza. Es cierto, que el lazo que nos une como auténtica familia, no tiene porque ser de sangre, sino de respeto y de alegría mutua. Rara vez los miembros de un mismo linaje crecen bajo el mismo techo. Esto nos demanda a ser más corazón que coraza. La vida nos requiere implicación; por tanto, ser progenitores es un viaje lleno de estima, de desafíos y de aprendizaje sin fin. De ahí, la importancia de empoderar a todas las genealogías para que puedan ir hacia adelante.

Ciertamente, nos requerimos conjuntamente, ya sea para el desarrollo de habilidades, para dar autoridad o permiso, o para ganar fuerza o autonomía. Ser antecesores justos, es el trabajo más importante del mundo, yo diría que el primordial. Sin embargo, aún muchos ascendientes no disponen del tiempo y tampoco del apoyo preciso, para estar con sus retoños. En efecto, la implicación de los padres es vital para el bienestar y la salud integral de los niños, incluso para su éxito académico. Será benigno, por consiguiente, continuar ahondando en nuevos marcos normativos de protección a las familias, que permitan entornos más favorables a la savia hogareña, incorporando la perspectiva de género, reconociendo y protegiendo la diversidad de modelos de convivencia conyugal.

Una mejor conciliación laboral y familiar, debe ser una cuestión social prioritaria en cualquiera de los rincones del orbe, a la vez que impulsar la igualdad de oportunidades, la lucha contra la pobreza y la exclusión social. En consecuencia, la financiación de servicios y programas sociales de protección a la parentela, así como la atención a la pobreza infantil, la considero más esencial que nunca, cuando todo se disgrega y se divide, por esa falta de comprensiva concordia y exceso de egoísmo. Por desgracia, la........

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