Israel de la Rosa: «Vivir en multitud»

Israel de la Rosa: "El abrazo"

Israel de la Rosa: "La vida cíclica"

A un lado y a otro, torrentes de personas desconocidas, ríos de aguas crecidas, de sociedades crecidas, encrespadas, multitudes formando remolinos de copiosa espuma a nuestro alrededor. El ruido, el caos, la incertidumbre más severa. Multitudes formando remolinos de abundante confusión a nuestro alrededor. Griterío, risotadas, lamentos preñados de teatralidad. Resulta complicado moverse en relativa libertad, avanzar tímidamente un paso y no tropezar con un viandante apresurado, que, como nosotros, ansioso como nosotros, se afana en la busca de un rincón espacioso y solitario, un huequecito calmoso, un paraíso mudo, una isla sobresaliente y pacífica, minúscula, un montículo alejado de la marea, a salvo del estruendo, enclave privilegiado en que abrazarse a sus propios pensamientos, a sus íntimas reflexiones, a ese discernimiento introspectivo tan necesario, tan valioso, que nos ayuda a identificarnos como seres humanos racionales.

Ocurre habitualmente, es rutina cotidiana, que abrimos la puertecita del microondas y golpeamos en las costillas al vecino. Perdone usted el atropello. A violentos empujones nos abrimos paso para alcanzar la cucharilla del café, que descansa desmayada junto al fregadero. A izquierda y derecha, multitudes de rostros compungidos, de ariscos ademanes. A izquierda y derecha, densas nubes de individuos arracimados. Transeúntes anónimos de miradas vidriosas que entran y salen con áspera indiferencia de nuestro dormitorio, de nuestro cuarto de baño, de nuestro corazón. Disculpe usted que pisotee sin ningún reparo las mullidas alfombras de su frágil dignidad. Las débiles agujas del reloj, con su compás incesante, apesadumbrado y decadente, con su implacable recuento de las horas, apenas logran acomodarse al trasiego asfixiante de estas multitudes que nos rodean. A izquierda y derecha, arriba y abajo,........

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