Israel de la Rosa: «La moda grotesca» |
Es completamente normal que un caballero de mediana edad —y por mediana edad entendemos veinticinco años— se pasee bulliciosamente por la avenida, a media tarde, con un sombrerito de paja y un plátano sobre el sombrero, y sobre el plátano una piña, y sobre la piña un hermoso tazón de cereales. Es absolutamente normal y hasta recomendable que una persona semijubilada —y por semijubilada entendemos rondando los treinta y nueve— se contonee alborozadamente por la avenida, a media tarde, poquito antes de que el atardecer languidezca, con un chaquetón de piel de lagarto, y sobre los hombros dos maracas forradas de terciopelo carmesí, y sobre las maracas un volumen encuadernado en pergamino amarillo de esa cosa infumable llamada Rayuela, tan defendida por los intelectuales. Y no deja de ser extraordinariamente normal, y muy apropiado, que una señora de extrema ancianidad, con pierna y media sepultada ya en la tumba —y por extrema ancianidad y pierna y media en la tumba entendemos cincuenta años— se desparrame amorosamente por la avenida, a media tarde, bajo un tibio sol de primavera, somnoliento y romanticón, envuelta en metros y metros de papel higiénico de doble capa, y enlazado a su cintura un cubo industrial de mayonesa haciendo las veces de bolso, y colgando del cubo de mayonesa unas postales de Fuerteventura, como guirnaldas festejando una vida pasada de locas pasiones.
La moda, y por moda comprendemos cualquier cosa grotesca y dictatorial con que adornar prolijamente el cuerpo, se está llevando por delante la dignidad de más de uno. De más de una generación. Antes boba que sencilla. Nosotros, que más parecemos el maniquí defectuoso del escaparate, ese que se desecha y arrumba vergonzosa y secretamente en un cuarto polvoriento y oscuro, mataríamos, qué duda cabe, por tener la oportunidad de lucir esos cuerpos........