La medicina, por la sombra |
Las Tunas.- La mujer no preguntó el precio primero. Preguntó si funcionaba. El hombre abrió la mochila con una naturalidad que asusta más que cualquier cosa. Blísteres sin caja, frascos sin etiqueta, pastillas envueltas en papel de servilleta.
No hubo receta médica, comprobante o garantía; solo una frase: “Esto es lo que está resolviendo ahora mismo.” Y la mujer, con la voz baja y los ojos cansados, respondió algo que resume un país entero: “Dame lo que tengas para el dolor”.
Ahí empieza esta historia; no en una farmacia o en un hospital, tampoco en una esquina, un grupo de Revolico o el mensaje privado de alguien que asegura tener lo que no aparece en ninguna parte. Empieza en la necesidad.
Durante mucho tiempo se habló de la escasez como una palabra lejana, casi técnica. Hoy es una realidad que se siente en la casa, en el botiquín vacío, en la receta que se guarda sin poder usarse. Lo que antes era una dificultad puntual se ha convertido en una rutina silenciosa: preguntar, esperar, volver a preguntar, buscar alternativas.
Así ha nacido una red paralela. No está en los registros oficiales ni tiene control sanitario, horarios o normas visibles; sin embargo, funciona con una precisión que asombra. Un mensaje en un grupo y aparecen nombres de medicamentos que no se ven desde hace meses. Vitaminas, antibióticos, cremas para la piel, sueros, suplementos para el cabello, cápsulas para dormir, tabletas para adelgazar, pastillas para subir de peso.
Todo está disponible. Todo tiene precio. Nada tiene certeza. Lo más inquietante no es que........