Pequeñas f(r)icciones: Recuerdos electorales

Es muy probable que, en medio de la resaca de las fiestas de fin de año, el convulso ambiente internacional y el permanente deporte de aventura que es transitar por las calles de este bendito país, usted, improbable lector, no se haya percatado de un hecho trascendental: la campaña electoral ha empezado. Ya pasamos el largo e involuntariamente divertido capítulo de las precandidaturas, ese donde se simula que las principales fuerzas políticas eligen a sus candidatos. Hubo que alzar los brazos y dejar que la mandíbula se vaya hasta el suelo ante sorpresas tales como que, por ejemplo, Keiko Fujimori sea la candidata de Fuerza Popular, o que César Acuña sea el que represente a Alianza Para el Progreso, o que, algo realmente inesperado, Rafael López Aliaga sea el candidato de Renovación Popular. Es como cuando ve a un mago partir a su asistente por la mitad. El mago, la asistente y usted hacen como si hubiera ocurrido, pero en el fondo el mago, la asistente y usted saben que nada es de verdad, que todo es una puesta en escena.

Y, como en toda campaña que se precie de serlo, pronto cada candidatura presidencial tendrá su eslogan, su idea-fuerza, una breve reunión de palabras que buscan fijar en las mentes confundidas de los electores. En nuestra historia electoral hay muchas, algunas notables. A mí, de momento, y por razones psicopersonales, se me vienen a la mente.

En los tiempos inmemoriales de 1985, yo ya existía. Era un niño algo peculiar. Me vestía de terno, con chaleco y corbata michi además; tomaba posición bajo el marco de la puerta principal y recibía a los invitados de las reuniones con una sonrisa de aviso publicitario. Y no solo eso, a esa excéntrica costumbre, le sumaba un pequeño unipersonal y, para suplicio de los presentes, me lanzaba a contar chistes. Y lo........

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