Pequeñas f(r)icciones: ¿Qué hacemos con Balcázar? |
El presidente José María Balcazar acaba de tomar desayuno. Apenas le retiran la taza y el plato, uno de sus asistentes se precipita y coloca sobre la mesa la síntesis informativa, un resumen de las principales noticias que el área de prensa le prepara todos los días. Estira su mano para levantarlo, pasar las páginas y empezar a darle una mirada, pero, de súbito, se contiene. Acaba de comprender que va a encontrar munición de grueso calibre en su contra. Su última aventura verbal —acusar a los judíos de haber empujado a Hitler a la Segunda Guerra Mundial— había logrado unir a tirios y troyanos, a parrilleros y veganos, a antauristas y pensantes, en torno a una inminente e inequívoca interrogante: ¿Qué hacemos con Balcázar?
Su secretaria personal lo encuentra minutos después caminando sin rumbo por uno de los corredores de Palacio de Gobierno. “Señor presidente, hay un tema urgente que requiere de su presencia”. Balcázar la mira, deja escapar un suspiro y logra formar con sus labios una suerte de simulacro de sonrisa. “Por favor, no seas condescendiente conmigo. Tú y yo sabemos que nada puede requerir de mi presencia y menos de manera urgente”. “Esta vez sí. Su presencia es indispensable”.
Cuando Balcázar entra a su despacho, ve que tres hombres lo están esperando. Los visitantes están sentados, uno junto al otro, en el mueble alargado que sirve para recibir visitas. Frente a ellos, un sillón vacío parece estar gritándole a Balcázar que se siente. El presidente se acomoda los lentes y busca a su secretaria, pero ella no está. Tal como le han indicado, dejó solo a Balcázar y con órdenes estrictas de no interrumpir. Balcázar, con la mirada derrotada, camina hacia el sillón, como........