menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Accidentes que no son accidentes

12 0
01.03.2026

El país entero se ha estremecido con la tragedia de Lizeth Marzano, la joven nadadora y seleccionada peruana que salió a trotar una noche y no regresó a casa. Fue embestida por Adrián Villar, que siguió su camino sin detenerse, dejando a la deportista tendida entre la pista y la vereda hasta que —luego de una tardía atención— falleció a causa de sus graves lesiones. El conductor se dio a la fuga y las investigaciones iniciales apuntan a una serie de decisiones y omisiones que han marcado este caso como algo más que un simple “accidente”.

Solemos usar el término “accidente de tránsito” para referirnos a estas situaciones. Sin embargo, como sociedad debemos reflexionar sobre el peso de las palabras que usamos, pues usualmente lo que vivimos no son meros accidentes. El término que debemos utilizar es “siniestros viales”, porque normalmente estas situaciones no son causadas por un evento fortuito, sino, muchas veces, son un resultado de decisiones humanas que podrían haberse evitado.

Hablar de “accidentes” implica azar, inevitabilidad, una fuerza ciega que actúa sin intención ni responsabilidad. Sin embargo, solo una porción menor de estos siniestros es realmente fruto del azar. La mayoría está ligada a conductas que se pueden prever, controlar y sancionar: exceso de velocidad, conducción bajo los efectos del alcohol o las drogas, omisión de auxilio, distracciones al volante, desobedecer señales de tránsito, entre otras conductas de riesgo.

No es teoría: según un análisis basado en datos oficiales, hasta noviembre de 2025 se contabilizaban más de 2,500 muertes por accidentes de tránsito en el país, y se estima que aproximadamente el 60% de la responsabilidad recae directamente en los conductores. Si la mayoría de estos siniestros fueran realmente eventos aleatorios e impredecibles, nuestras políticas públicas, nuestras campañas de prevención, nuestro sistema de justicia y, sobre todo, nuestras prácticas cotidianas no tendrían tanto espacio para la intervención y la mejora. Pero la realidad es otra: el factor humano es determinante y eso nos obliga a cambiar el lenguaje, porque el lenguaje moldea el pensamiento.

Decir “siniestro vial” en lugar de “accidente” no es un tecnicismo; es una forma de reconocer que muchos de estos hechos tienen causas y responsables, y que esas causas están asociadas a decisiones que se pueden evitar con educación, fiscalización, cultura ciudadana y sanciones adecuadas. Significa también que detrás de cada cifra hay vidas humanas como la de Lizeth o de Cecilia Melgar (quien hace tres años fuera atropellada mientras iba en bicicleta). Ellas no murieron por simple azar, sino por una cadena de decisiones tomadas por los conductores que acabaron con sus vidas.

Si queremos un país con menos muerte en las calles y menos familias destrozadas, debemos exigir infraestructura vial bien diseñada, reglas claras y que se exijan, conductores que sepan conducir y sanciones graves, pues manejar un auto no es un juego, es una gran responsabilidad.


© Perú21