De líder de opinión, al influencer

Hubo una época en la que elegir a un líder de opinión para promocionar un producto era un proceso riguroso, casi artesanal. No bastaba con que fuera conocido; debía tener una trayectoria sólida, una conducta intachable y, sobre todo, una relación honesta con la marca que iba a recomendar. Se investigaba su vida pública, su coherencia personal y su credibilidad profesional, porque lo que estaba en juego no era solo una campaña publicitaria, sino la reputación misma de la empresa.

El líder de opinión debía probar el producto, usarlo durante un tiempo razonable y convencerse de sus beneficios antes de hablar frente a una cámara. Su testimonio no era un guion vacío, sino la extensión de su experiencia, su conocimiento y su........

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