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Una tarde con los Barclays

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19.10.2020

Era un domingo por la tarde. Barclays estaba durmiendo la siesta, desnudo. Su esposa Silvana, veinte años menor que él, lo despertó, acariciándole suavemente la frente:

-Mi amor, ha venido tu hija Patricia.

Barclays dio un respingo y recordó que había citado a Patricia a las cinco en punto de la tarde. Miró su reloj. Eran las cinco y diez.

-¿Ha venido sola o con su novio? -preguntó.

-Con su novio -dijo Silvana.

Barclays no conocía al novio de su hija. Solo lo había visto en unas fotos que su esposa Silvana le había mostrado. Llevaba casi un año sin ver a Patricia. La había visto por última vez en diciembre, en vísperas de las navidades.

-Bajo enseguida -dijo.

Patricia y su novio habían llegado de visita desde Nueva York, donde vivían. Barclays los había invitado, a sugerencia de su hija, quien le había dicho que tenía ilusión de pasar unos días en la isla de Key Biscayne, donde vivían Barclays y Silvana:

-Estoy saturada de Nueva York. Necesito irme unos días. Todas mis amigas están en Key Biscayne. Me gustaría visitarlas.

Encantado de ver a su hija y al novio de esta, Barclays les envió los boletos aéreos en ejecutiva y los hospedó en el mejor hotel de la isla, para darles la privacidad y comodidad que ellos deseaban.

Como era un domingo y acababa de despertar de la siesta, Barclays se puso unos calzoncillos y una bata gruesa de algodón, calzó unas sandalias sin despojarse de las medias gruesas que usaba para dormir, deslizó en los bolsillos de su bata blanca dos o tres cosas furtivas para jugar con su estado de ánimo y bajó por las escaleras a paso lento, distraído.

En una de las salas de su casa, Silvana, su esposa, conversaba con Patricia y el novio de esta, Charles, todos con mascarillas puestas.

-No te has puesto mascarilla -le dijo Silvana a su esposo.

-Mil disculpas -dijo él.

Silvana le colocó una mascarilla a su esposo. Luego Barclays abrazó a su hija Patricia y al novio de esta, Charles. Patricia era alta, rubia, guapísima. Parecía una modelo. Charles era alto, delgado, guapo. Tenía un aire tímido y una mirada inteligente, como de gato sigiloso.

Todos con mascarillas, se sentaron a prudente distancia unos de otros.

-Papá, se te ven los calzoncillos -le dijo Patricia a Barclays.

-Lo siento, mi amor -dijo Barclays-. Quiero estar cómodo. No te olvides que tú has salido de mi bolsa testicular. Allí se originó tu vida. Así que no tengas vergüenza de mis higos secos.

Patricia y Charles se miraron, risueños. Ya Patricia le había........

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