La mejor cábala es hacer
Hablando de cábalas de Año Nuevo, le escuché a una amiga decir que sus amigos millonarios lo que suelen hacer al recibir las doce es tirarse monedas de cinco soles encima, luego un puñado de lentejas y finalmente guardaban dos huayruros en su bolsillo derecho, y por eso son gente próspera.
Lo que a mi amiga le faltó contar es la ooootra parte del cuento, la que de todas maneras hacen, pero no necesariamente dicen en público porque es la menos popular: que se rompen el lomo trabajando, planificando, son hijos del ensayo y error, y gracias a todo este proceso es que saben hacer dinero. Así que, con todo cariño y luego de una conversación más profunda y responsable, se me ocurre diseñar el posible caminito del éxito.
Pero antes de hablar de metas, planes o resultados hay algo más importante.
Volver al centro.
Vivimos acelerados, reaccionando, sobreviviendo. Con la sensación constante de que algo falta, de que vamos tarde, de que “deberíamos estar mejor”. Y desde ahí intentamos construir el futuro. Pero un futuro diseñado desde la ansiedad suele terminar siendo una repetición elegante del pasado.
Por eso, el primer acto de este proceso no es hacer, es DETENERSE. Cerrar los ojos un momento, respirar y sentir el cuerpo.
Preguntarte con honestidad brutal: ¿dónde estoy parado hoy?
No desde el juicio ni la culpa, sino más bien desde la observación cruda, sincera, responsable, adulta.
Eso es CENTRARSE.
Entender que el norte no es una meta, el norte es una dirección interna que habla de cómo estamos por casa en nuestro universo emocional.
Muchas personas saben lo que no quieren, pero no saben lo que sí. Y sin un norte claro, cualquier esfuerzo será en........





















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