¿Hicimos lo justo?

Hay algunos peruanos a los que les gusta contarse la historia cómoda: la de un país solidario, hospitalario, empático con el dolor ajeno. Un país que abrió las puertas a cientos de miles de venezolanos que huían del colapso económico, político y social provocado por la dictadura de Maduro.

Esa historia tiene una parte de verdad. Pero la otra cara de la moneda es que esa solidaridad peruana, que seguro en un primer momento existió, fue breve, cortita, efímera, muy frágil y, sobre todo, condicionada. Y cuando ese amor por el prójimo se acabó, apareció el lado más miserable y vil de algunos peruanos: el aprovechamiento de la necesidad ajena, la normalización del abuso y una xenofobia selectiva que preferimos no mirar de frente porque, si hay algo en lo que somos expertos los peruanos, es en no mirar nuestros errores; nos encanta hacernos los cojudos.

Estas líneas no buscan culpar a “todos los peruanos”, pero sí interpelar a nuestra sociedad, porque las injusticias no siempre se cometen con violencia explícita; muchas veces se dan en silencio, con contratos solo de palabra, con sueldos miserables y con frases para la tribuna.

Como suele ocurrir cuando desarrollo estos temas tan poco populares, aparecerán los que con las justas saben leer y no entienden un pepino del texto, pobrecitos no los culpo, entiendo que el sistema educativo no es de los mejores y, claro está, son consecuencia de ese producto. También alzarán su voz los que alguna vez tuvieron una mala experiencia con un migrante y tienden a generalizar, y por último estará siempre presente el grupito de odiadores ‘ad honorem’ que, desde su profunda confusión y sorpresa por mi presencia en este diario, argumentan que por ser comediante y hablantín radial no tengo derecho a opinar. A todos los anteriores juntos, desde ya entérense que sus opiniones y comentarios me los paso por donde no me entra el sol. Sin embargo, yo también los quiero.

Convengamos que la migración venezolana no fue un flujo de humanos........

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