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De fuegos, demonios y votos

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31.08.2019

Se sentía con la cabeza pesada, habían sido días y días de fiestas interminables. Esto de las proclamaciones tiene su costo, pensaba. Pero había valido la pena llenar esas avenidas con gente venida de todas partes: había ponchos rojos, coca, cascos de mineros, tenis de marca de los empleados públicos. Todo lleno. Después, ya no se acuerda ni con quién danzaba, menos quién lo acompaño a su mullida cama, pero sí recordaba cuando bailó diablada.

Es que la banda Poopó de Oruro era estupenda, y él bailaba y bailaba; levantando sus rodillas, las puntas de los pies que apenas tocaban el piso, pensaba que estaba bailando sobre… brasas, sí, sobre brasas… Eso fue como un golpe de agua fría que lo transportó a la realidad…, los incendios. A las pocas horas estaba en Santa Cruz, hablaba con el rostro cansino, con los surcos que le aparecían cuando se trasnochaba, su mirada espesa y su boca lenta… Hablaba de que venía a ver lo que sucedía, que en esta época siempre había incendios…

Pero su llegada sólo sirvió para enfurecer al viento y atizar las brasas, las hectáreas aumentaban día a día, 300 mil 400 mil y así seguían consumiéndose, como los animales que corrían despavoridos hacia las carreteras.

Varias veces había jugado con fuego, pensaba.........

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