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No es su plata

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05.10.2019

El hombre del helicóptero sigue gastando la plata de los bolivianos, a un ritmo acelerado. Las aspas de la aeronave giran y los dólares vuelan. Desde su palacio de 28 pisos en la Plaza Murillo hasta la casa presidencial de San Jorge, o a su lujosa terminal aérea en El Alto, o a su palacio colonial en Sucre, o a su hacienda en el Chapare, o a los refugios secretos que utiliza para beber “a ocultitas” (según sus propias palabras), el hombre del helicóptero utiliza ese caro instrumento del poder como ningún otro presidente latinoamericano. ¿Quién paga ese lujo? Los bolivianos.

Pero el helicóptero, el avión o su museo personal en Orino-K, no son sino un botón de muestra del desvío de fondos del Estado en favor de un partido político, pero sobre todo en favor de una sola persona: el autócrata Evo Morales, que se aferra al poder como lo hicieron los dictadores africanos (Mugabe, Obiang, Biya, Campaore, etcétera), durante décadas hasta que algunos fueron derrocados por sus pueblos, mientras otros siguen amarrados al poder.

Evo Morales utiliza los recursos del Estado como si fuera dinero de su billetera y no rinde cuentas a nadie. Los funcionarios públicos que son cómplices de esos desembolsos irregulares son culpables por complicidad. No vale aquí la excusa de que reciben órdenes, sería como excusar a los burócratas del nazismo por enviar millones de personas a las cámaras de gas........

© Página Siete