Carcamal
La palabra "carcamal" tiene una fuerza brutal. Tanto en su fonética con esas tres "a" seguidas, como si fueran los disparos de un revólver a quemarropa – ¡Tras, tras, tras! –, rápidos, certeros y estremecedores, como por su potente significado. ¡Car-ca-mal! Según la RAE: "Persona decrépita y achacosa, vejestorio, matusalén, senil, chocho, carroza, dinosaurio, carcamán, enfermo."
Enumeradas todas esas acepciones, así, al desnudo, sin pudor, porque de las diez no hay una buena, carcamales son todos los viejos que la sociedad moderna ha relegado, escondido, invisibilizado, porque ya no les sirven. Edadismo. Porque les resultan un estorbo, porque son una carga. Porque son inútiles y cuestan una pasta. Porque ya no aportan nada. La sociedad moderna ha matado a sus viejos para recambiarlos, antes de que transmitan toda su experiencia y conocimiento, por no se sabe qué.
Algo parecido a lo que está ocurriendo con las palabras, en un paralelismo bastante alarmante, y que me ha provocado esta reflexión. ¿Por qué conservamos en los museos piedras, legajos, papiros y dejamos que se pierdan las palabras más bellas? Algunos pensaréis, pues porque el hablante, libremente, no las usa, al desaparecer una forma de vida. Y llevan razón. El problema es cuando no se estimula – sobre todo por parte de los medios de comunicación, también la escuela y la literatura – su uso. Sino más bien, se provoca su defunción lanzando por los micrófonos y teclados paladas de tierra. Lengua viva sí, cambiante, pero no raquítica y depauperada, enferma de inanición. ¡Una pena! ¿A quién le extraña, que con esta pobreza, intelectual y lingüística, nos sustituya una máquina?
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Etimológicamente, "carcamal" proviene de "cárcamo" – "hoyo, zanja", en la que nos encontramos metidos una mayoría de seres humanos ante la incomprensión del mundo en el que vivimos –, que es sinónimo de "cárcavo". "Cárcavo", otra palabra ya perdida, otro tesoro arqueológico. ¿Quién de vosotros recuerda la carismática voz de Félix Rodríguez de la Fuente hablando de lobos en su programa El hombre y la tierra, diciendo: "Este insólito campamento está instalado en el corazón de España, en una cárcava del río Dulce, en la provincia de Guadalajara"?
El cárcavo es el hueco del molino. Las entrañas del molino de agua, del molino harinero. Donde se ubicaba el rodezno. Pieza circular cuyas aspas hacía girar el agua del río o del arroyo, que se precipitaba con fuerza desde esa presa o canal llamado azud. "As sad": "dique o barrera".
Al rodezno, el alma del molino, se enganchaba el árbol y la espada. Estructura........
