Los derechos humanos en China

Si uno consume exclusivamente determinados medios occidentales, podría llegar a la conclusión de que China es un inmenso agujero negro de los derechos humanos. Un país donde, aparentemente, mil cuatrocientos millones de personas viven privadas de cualquier derecho civil o político, sometidas a una especie de distopía tecnológica permanente y esperando, quizá, que algún editorial extranjero les explique la verdadera naturaleza de sus propios problemas.

La imagen resulta tan familiar como espantosa. De acuerdo con este relato occidental, China habría logrado sacar de la pobreza a cientos de millones de personas, construir el mayor sistema de infraestructuras del planeta, universalizar la educación básica, extender la cobertura sanitaria y elevar de forma espectacular la esperanza de vida. Pero todo ello carecería de importancia porque, se nos dice, los ciudadanos chinos seguirían careciendo de derechos civiles y políticos fundamentales.

La caricatura es llamativa. Un país capaz de transformar radicalmente las condiciones materiales de vida de una quinta parte de la humanidad sería, al mismo tiempo, un ejemplo paradigmático de fracaso en materia de derechos humanos. Y cualquier dato que contradiga esta visión suele ser convenientemente ignorado o relegado a una nota a pie de página.

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El relato dominante en nuestros medios occidentales presenta a China como una dictadura comunista donde los derechos humanos se reducen exclusivamente a cuestiones económicas y sociales. Sin embargo, basta consultar la Constitución china, la legislación vigente o las instituciones políticas del país para comprobar que los derechos civiles y políticos forman parte de su marco jurídico. La igualdad ante la ley, la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad de reunión, la libertad de asociación, la libertad de creencias religiosas, el derecho a la educación, el derecho al trabajo, el derecho a marcharte del país, o la........

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