El yoísmo en medio de la tragedia

Cuando el liberalismo socioeconómico se convierte en catecismo, lo más probable es que se abone el terreno para que germine una población individualista con una grave crisis de valores. Si a ese escenario le añadimos el adulterado relato del autoconocimiento, a veces, reconozcámoslo, apuntalado por un discurso identitario algo egocéntrico, el yo anulará el nosotros. Y aunque toda exhibición del yoísmo me saque de mis casillas, ver cómo se exterioriza en medio de una tragedia me ofende sobremanera.

Que el individualismo afecta a nuestra salud mental es más que evidente. Pero ignoramos que también afecta a las relaciones interpersonales y, por lo tanto, a la estructura social, siempre frágil cuando acontece una desgracia como la del choque de dos trenes de alta velocidad en Adamuz (Córdoba). Cierto es que ese individualismo no es la esencia de una sociedad, que se basa en el sentido de comunidad, y por eso, aunque se nos acostumbre a lo contrario, la solidaridad brota de una manera espontánea y altruista ante el horror. Lo vimos en la tragedia de la DANA y lo hemos vuelto a ver, la semana pasada, en las primeras horas del mortal accidente, con la manera en la que se movilizó el pueblo de Adamuz.

Pero, a la vez que eso sucedía, volvió a aparecer el maldito yoísmo. Lo vi en aquellas personas molestas porque el choque de los trenes había interrumpido, lógicamente, el servicio y tenían que buscarse la vida para llegar a su ciudad o acudir a su empleo. El yoísmo ante la tragedia. Dos trenes chocan, el número de víctimas crece, pero que tú llegues tarde a tu trabajo o a tu casa, de regreso........

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