Cuando 'Stranger Things' se convirtió en la mejor serie 'queer' del año sin que nadie lo esperase

Mientras muchos hombres homosexuales creían haber descubierto la serie gay del año viendo Heated Rivalry, la quinta y última temporada de la ya mítica Stranger Things se convertía, inesperadamente, en la mejor serie queer del año que finalizaba y, posiblemente, del que acababa de empezar.

Mientras que Heated Rivalry cumple con el protocolo de eso que conocemos como "el gay de Netflix" (un hombre homosexual joven, atractivo, que cuida su físico como si esa fuera su única razón para existir, sin pluma, y que se siente atraído por otro hombre exactamente igual que él), se colaba, en la propia plataforma que ha encumbrado al gay liberal como role model, una historia reivindicativa, sin sexo ni culos en las duchas, que, bajo los parámetros del género fantástico, estaba hablándonos directamente a las personas LGTBIQ de cualquier edad.

Porque desde la primera temporada, Stranger Things narra la historia de Will Byers, un niño homosexual enamorado de su amigo Mike pero que, como nos ha pasado a todos, descubre que ese deseo -cero sexualizado- será un secreto que deberá guardar para protegerse de la hostilidad y el rechazo de la sociedad. Cuando un niño entra en un armario de silencio y miedo, se torna aún más vulnerable. En la serie, el malvado Vecna elige a sus siervos entre las personas que son más frágiles y fáciles de someter. Porque el miedo a que tus pensamientos y deseos queden expuestos ante la mirada inquisidora del resto hace que te protejas tras una armadura de homofobia interiorizada que, a la larga, acabará contigo. 

Estar en el armario es habitar una dimensión alternativa. Una especie de Upside Down donde cada percepción de ser........

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