¿De qué hablamos cuando hablamos de ‘polarización’?

Mientras la Fundación del Español Urgente quiere hacernos creer que la palabra del 2025 ha sido arancel, la asociación More in Common ha destacado que los temas políticos han hecho que el 14% de los españoles haya roto relaciones personales en el último año. O sea, la polarización -la auténtica palabra de 2025- se ha convertido en una preocupación social en la medida en la que fractura, irreconciliablemente, a la sociedad.

Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de polarización? La polarización, en sí misma, nace de una metáfora. Porque la única polarización que existía, a mitad del siglo XIX, era la electromagnética. Como leí en Bluesky, la polarización solo beneficia a Magneto. Son los intelectuales del siglo XX los que empiezan a usar esa palabra, de forma metafórica, para definir una sociedad orientada en dos direcciones contrapuestas y enfrentadas. De esa manera, una sociedad dividida entre ricos y pobres ya es una sociedad polarizada. Aunque, en este caso, el enfrentamiento se domestique para que los unos se beneficien de los otros. El rico necesita al pobre para que trabaje para él, y hacerle un poco más rico, y el pobre necesita al rico para recibir un salario -jamás el justo y necesario- para no morir de hambre y, en muchos casos, gastarlo en los negocios del rico. La desigualdad palpable como punto de partida de la domesticación.

Esa polarización es simplemente física. Campos magnéticos que, en perfecto funcionamiento, generan bienes y progreso. Desde una desigualdad difuminada, ojo. Pero eso no es de lo que estamos hablando ahora. No es el argumento del anuncio navideño del jamón cocido. No es la palabra mágica que dicen todos los políticos para justificar el clima de hostilidad en el que habitamos. Porque la polarización de la que estamos hablando es........

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