El odio y el miedo son un buen negocio |
No fue difícil convencer a Ramón de que sus problemas eran culpa de su vecino Mohamed. De que todos los políticos son iguales, que solo miran por sus bolsillos y los de sus amiguetes, y que hacía falta alguien que acabase con todo eso y diese un golpe en la mesa y devolviese a los españoles lo que les pertenece. Que hiciese España grande otra vez. Por eso Ramón votó a Vox. Porque los inmigrantes se llevaban mucha más pasta de dinero público que su abuela, y porque el PP, el PSOE y el resto estaban podridos de corrupción, salpicados por mil chanchullos. Porque el barrio ya no es lo que era por culpa del kebab y la cevichería, y no por el Starbucks o el McDonald’s. Y que la vivienda está cara porque vino Edwin a buscar piso en la periferia, no porque los fondos buitre compraron cientos de miles de casas, expulsan a sus vecinos y hacen pisos turísticos. Por fin un partido vino a poner orden, a acabar con los impuestos abusivos, con los chiringuitos, las paguitas y los extraños, y a evitar que los vagos sigan lucrándose sin dar un palo al agua, viviendo del cuento. Un partido que premia a quien se esfuerza y protege al autóctono, decían.
Estos días se está conociendo con detalle la trama que tiene montado el partido de Abascal con el holding societario del clan Ariza-Méndez Monasterio. Los millones de euros que van y vienen entre partido, fundación y empresas satélite que hacen circular el dinero para alimentar a familia, amigos y perros fieles. Esto era una patata caliente dentro del partido, se sabía, pero........