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Raúl Castro y la "vía Maduro" en Cuba

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22.05.2026

Desde que Donald Trump tomó nuevamente posesión de la Casa Blanca, parece que el mundo se hubiera acelerado. En poco más de un año, Trump ha declarado toda una guerra comercial; ha desatado una fiebre persecutoria contra los migrantes en los EEUU; ha atacado las instalaciones nucleares iraníes, iniciando una guerra de difícil resolución; ha impuesto su plan de "paz en Gaza"; ha conseguido doblegar a los republicanos aprobando la ley fiscal que él mismo bautizó como One Big Beautiful Bill; está forzando una paz vergonzante en Ucrania; ha ocupado militarmente varias ciudades demócratas en su país; ha atacado Venezuela secuestrando a su presidente; ha bombardeado Siria, Nigeria y Yemen; ha amenazado con ocupar Groenlandia, un territorio de la OTAN, mientras ha obligado a los miembros de la Alianza Atlántica a asumir el 5% del gasto —en armas estadounidenses— en defensa, al tiempo que su presidente, Mark Rutte, justificaba: "Sometimes, daddy has to use strong language" (“A veces, papi tiene que usar un lenguaje fuerte”).

Una frenética política de injerencia internacional del hasta ahora indiscutido imperio estadounidense, ante su paulatina pérdida de hegemonía comercial —que no militar—, que intenta impulsar, bajo la batuta de Trump, una recomposición del mundo bajo la lógica de las áreas de influencia. Porque, en su obsesión por recuperar la grandeza perdida del imperio norteamericano, Donald Trump, con su lema Make America Great Again (MAGA), se ha marcado como objetivo primordial reactualizar la Doctrina Monroe —famosa por su "América para los americanos"—, que, bajo la supuesta defensa de la independencia de las naciones, se transformó en una política deliberada para convertir a Latinoamérica en el patio trasero de Washington.

En este sentido, hemos visto........

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