Más allá de la finalísima
Cuando estés leyendo esto todo se habrá ganado o perdido. De hecho, se dirá que estaba cantado con argumentos o pálpitos.
Los que no tenemos ni lo uno ni lo otro rezamos. Los ateos también lo hacemos. Porque rezar puede ser pedirle cosas a la vida, juntar ganas y deseos, enfocarlos, apretarlos y amasarlos hasta coger carrerilla para meternos en el horno donde se harán realidad o se quemarán sin remedio, en ese fuego en el que se juega todo, en esos instantes en los que todo cuadra o no.
Parece mentira que esté escribiendo esto una simple futbolera social, una que no ha visto el Mundial, ni siquiera todos los partidos de los suyos, ni todos los minutos de los que sí vio; alguien que solo ve deportes para emocionarse con otros, en ambientes de risas en los que su emoción nunca queda desubicada.
El fútbol no me importa, no lo entiendo, en el fondo lo desdeño -con perdón-. Su universo de talonarios me da asco, sus........
