Pedro y el dragón: girar la mirada hacia Oriente |
Quisiera entender el cuarto viaje del presidente a China como la señal de que al menos hay un país en la vieja Europa, el nuestro, que está entendiendo que el mundo ya ha cambiado.
No creo que sea su intención, pero este viaje puede ayudar a que salgamos de los marcos de pensamiento anquilosados a los que las rancias élites quieren anclarnos. Vivimos en un Occidente en decadencia, según los parámetros de las clases dominantes, que se resisten siquiera a comprender un mundo que ya no se deja dominar por ellos como antaño y que, definitivamente, ya no les admira. Yo tampoco, así que eso que llevo ganado.
Pretender seguir vendiéndonos que esas élites son los garantes de los “valores occidentales” mientras masacran Gaza y bombardean Irán es echarle ganas. Para ellos, para los que se excusan tras los “valores occidentales” para aglutinarnos a todos en su supremacista manera de entender el mundo, China tiene que ser un lugar exógeno. Ha de serlo, porque si Occidente existe es porque hay un Oriente del que diferenciarse.
Y a ello se han dedicado con las mismas ganas y poca efectividad, negando cualquier noticia sobre China y los asombrosos cambios que allí ocurren. China acabó con la pobreza extrema en su país y eso no fue noticia. Están desarrollando una tecnología más allá de nuestra imaginación y no nos lo cuentan. Han construido ciudades deslumbrantes y no se describen, promueven cooperaciones entre el Sur Global, pero ambos no existen (ni China ni el Sur Global) para una forma de entender el mundo en la que todo lo que no encaje con que China es una amenaza no pueda ser contado.
"Existe un consenso casi universal en Occidente de que China está dirigida por un Gobierno malvado que es malo para su propio pueblo y peligroso para la gente de otros países. Es extremadamente difícil publicar opiniones que sostengan lo contrario". Quien habla es Daniel Bell, catedrático de Teoría Política en la Facultad de Derecho de la Universidad de Hong Kong, y yo no puedo estar más de acuerdo.
Lo que añado es que ese “consenso universal en Occidente” sobre China se está resquebrajando, rasgando, deconstruyendo incluso, y me imagino que el viaje de Pedro Sánchez tiene algo que ver con eso, ya que si de algo ha dado más que muestras nuestro presidente es de tener buen olfato. Contamos ya con media docena de estudios que revelan que hoy, en Europa y en España, la mayoría de la población ve a China como un socio, no como una amenaza. Incluso en EEUU, según la última encuesta de Gallup.
En febrero el canciller alemán Merz visitó China y a su vuelta, en un mitin a un grupo de seguidores de su conservador partido, parecía exaltado y sorprendido por el éxito de la eficiencia productiva en China y el estancamiento tecnológico en Alemania. El canciller parecía descubrir, ahora, algo que cualquier adolescente con TikTok sabe desde hace una década.
Y es que hay una brecha generacional en la percepción de China en Occidente. Las generaciones más jóvenes, libres de las ataduras de los imaginarios del siglo XX, tienen una percepción mucho más abierta hacia China que las viejas generaciones a las que les cuesta ver el mundo fuera de los parámetros de la Guerra Fría.
Una generación que entiende mejor que el mundo ya está cambiando y a la que va a ser muy difícil convencer de que apoyar las guerras, los genocidios y las imposiciones militares y arancelarias de Donald Trump hacia una Europa y un país, el nuestro, al que no para de insultar, sea una brillante idea.
Hablando de insultos, en 2023 la estrella pop Jackson Wang dio un multitudinario concierto en Londres y allí estalló, en perfecto inglés: “Fucking media, propaganda bullshit. If you travel to China one time you feee like this is a dope place” (“que les den a los medios, qué mierda de propaganda. Si vas a China una vez, te das cuenta de que es un sitio genial”). Por la poca delicadeza de sus palabras parecía que estaba un poco harto de lo que los medios dicen de su país. Yo también lo estaría si insultaran tanto al mío; de hecho, cada vez que Donald Trump lo hace, también me enfada.
La forma de desenfadarme en apoyar firmemente que toda vía que defienda la multipolaridad, el derecho internacional y la cooperación, es a todas luces, un camino mejor.
Es ya un clamor: Europa ha de salir del estancamiento económico al que nos han llevado dos décadas de austeridad, desindustrialización, caída de salarios y falta de inversión productiva. Si la salida de los que defienden los “valores occidentales” y a Donald Trump es la militarización, no sé a ustedes, pero a mí me parece racional salirnos de ese camino y abrir otros.
En ese otro camino, abrir lazos de cooperación con un país que, en la última década y mientras Europa se estancaba en la austeridad y la guerra, ha multiplicado por dos su PIB per cápita y está desarrollando la tecnología más avanzada del planeta, parece una idea más sensata.
Pero más allá de la geopolítica y las ranciedades y conociendo un poco China, déjenme que les cuente que es un país precioso, enorme, diverso y con una cultura espectacular. Sus megaciudades son deslumbrantes, tiene paisajes asombrosos y sus hubs tecnológicos te dejan con la boca abierta; pero, más allá de los drones o los taxis sin conductor, lo más importante es que, cada vez que he ido, la mayor parte de la gente con la que me he encontrado es gente muy amable, abierta y curiosa. Es un país en el que tengo amigos y con el que me alegra que el mío mejore sus relaciones.
Vivimos tiempos tan absurdos que hay que reescribir lo obvio: China no es una amenaza, las amenazas están en otra parte. Es un país con el que colaborar (hasta el canciller alemán lo dice a regañadientes). Quizá en esa cooperación esté la clave para construir un siglo XXI multipolar, colaborativo y sin guerras.