La Europa vasalla: quién paga la guerra económica contra China |
Hay preguntas que una sociedad madura debería hacerse con regularidad y que, sin embargo, casi nunca aparecen en el debate público europeo. Una de las más urgentes es esta: ¿quién paga realmente la guerra económica que la Unión Europea está librando contra China? La respuesta, cuando se examina con honestidad, resulta clara: la pagan los ciudadanos europeos. La pagan con precios más altos, con oportunidades de desarrollo perdidas, con una competitividad industrial que se degrada lentamente mientras sus instituciones dedican energías enormes a construir murallas proteccionistas en nombre de una seguridad estratégica que, en realidad, no les pertenece.
Durante décadas, la Unión Europea construyó su identidad económica sobre un principio que defendió con fervor misionero: la apertura de mercados. Bruselas predicó las virtudes de la competencia internacional a todo el mundo. El argumento era siempre el mismo: la competencia obliga a las empresas a innovar, a mejorar su productividad, a ofrecer mejores productos a mejores precios, y el gran beneficiado es siempre el consumidor. Ese discurso ha desaparecido exactamente en el momento en que quien compite con éxito es China.
El capitalismo impone la competencia como ley universal del mercado, y esa ley se tolera mientras la ganan quienes siempre la han ganado. Cuando China -con su modelo de intervención estatal activa, planificación estratégica a largo plazo y búsqueda deliberada de cohesión social- demuestra que puede ganar también en ese terreno y con esas reglas, la receta cambia de golpe. La competencia deja de ser un principio sagrado y se convierte en un problema que hay que administrar. Aranceles sobre vehículos eléctricos chinos que superan el 40%, investigaciones antisubvenciones con criterios que difícilmente se aplicarían a los propios fabricantes europeos, instrumentos jurídicos nuevos como........