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Odio a la gente

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30.07.2026

Como todos los años por estas fechas, y mucho más desde hace unos pocos, son noticia los parajes naturales masificados. Y no solo son masificados porque superen su aforo normal, sino porque en ellos se generan situaciones demenciales impensables hace unas décadas. Calas recónditas con cientos de personas bajo el sol esperando horas para poder entrar porque están ya saturadas. Aquellos vídeos de la puesta de sol donde hay más cabezas y cuerpos y gritos y altavoces que arena y mar. Pueblos con zonas de baño que tienen que restringir el acceso a los turistas, porque dejan a la población local sin su espacio natural y lógico. Una cola larguísima de montañeros exhaustos intentando llegar a la cima del Everest.

Como ciudadana que sufre el hacinamiento involuntario cada mañana en un tren de cercanías, apretujada contra axilas desconocidas, me resulta extraño que alguien en su sano juicio lo escoja a sabiendas para su tiempo de ocio. Lo peor de la humanidad, la suciedad, el ruido, las molestias y las conductas incívicas, se exacerba con la masa informe, aglomerada, que llamamos gente. Y si bien individualmente todos tenemos un pase, en plena muchedumbre somos despreciables.

Al ver esas imágenes, me pregunto dónde está toda esa concurrencia el resto del año, de dónde salen y hacia dónde vamos como sociedad........

© Público