Mi verano es para pensar

Voy a fingir que estoy ya en el sur de Bulgaria, que es donde estaré cuando se publique este artículo. No ahora, mientras sigo surfeando la enésima ola de calor del verano, con un ventilador de techo y tres mil grados en la calle, desde mi casa en València. Pero cuando leáis esto, si todo ha ido según lo previsto, estaré en una zona montañosa de Bulgaria, casi en la frontera con Macedonia, en un pueblo pequeño de la antigua Tracia que en invierno tiene estaciones de esquí e incluso una medallista olímpica entre sus vecinos. Montañas verdes, puentes antiguos, grutas misteriosas, un río fresquísimo y leyendas de vampiros. No se le pueden pedir más ingredientes evocadores a diez días de residencia literaria que son un regalo y una suerte inmensa.

Pero bueno, finjamos que ya estoy allí. Llegué a Sofía la noche del último viernes de julio, tarde, y al día siguiente partimos temprano hacia Chepelare, por una carretera con tantas curvas que nos recomendaron llevarnos biodramina. No la tomaba desde los siete años y no suelo marearme, pero no seré yo la que desafíe al destino en país ajeno. Somos un grupo de once escritoras de todo el mundo invitadas a participar en esta edición de Women in the Mountains: una argentina, una mexicana, una italiana, dos indias, una palestina, una........

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