Sáhara Occidental, la guerra de nadie
En los primeros días de abril, una nube de polvo mineral brotó del desierto del Sáhara y franqueó el estrecho de Gibraltar para oscurecer los cielos de la Península Ibérica. A través de la calima, el mundo tiene algo de cementerio nuclear o decorado distópico. Llueve barro. Un manto de óxido recubre los tejados y desluce los jardines. Los adolescentes escriben con los dedos sobre los cristales de los coches. Hay que extremar las precauciones al volante, dice la televisión. Y atención a los enfermos pulmonares. La arena africana es un fastidio, un contratiempo, una incómoda perturbación del curso natural de nuestros días.
La semana pasada volvieron a llegarnos noticias del sur. Marruecos había matado a tres combatientes saharauis en una ofensiva con drones sobre las inmediaciones del muro que surca los territorios ocupados. Una de las víctimas era Lehbib Mohamed Abdelaziz, hijo de Mohamed Abdelaziz, el emblemático secretario general del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática. Mientras las fuerzas alauitas atacaban el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura visitaba los campamentos de refugiados como mediador de la ONU. Sus apelaciones al diálogo tropezaron con la realidad de la guerra.
Las noticias sobre el Sáhara Occidental, como la calima, llegan con frecuencia en una especie de resignada sordina. El pasado mes de mayo, por primera vez en más de dos décadas, el régimen de Washington extendió sus ejercicios militares African........
