Houston, tenemos una Ertzaintza

Si uno quiere escribir sobre la Ertzaintza, debe andar con pies de plomo. Un periodista audaz podría darse de bruces con las arbitrariedades de la ley mordaza. Le ocurrió a Axier Lopez, que se encontró con un multazo de seiscientos euros por haber fotografiado la detención de una militante abertzale. Era la primera sanción contra un fotoperiodista al amparo de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana. A la luz del escándalo público, el Gobierno español optó por revocar la sanción. Ganaron al mismo tiempo el sentido común y la autocensura. Desde entonces, nos tentamos las ropas antes de hacer un uso pleno de la libertad informativa.

Un activista que denuncie abusos policiales no correrá mejor suerte. En este caso, las asociaciones corporativas y el mismísimo Gobierno vasco podrían alentar diligencias de investigación por un falso delito de odio. Así le ocurrió a los jóvenes de Ernai, que tuvieron la infeliz idea de cuestionar una carga de la Policía autonómica. Lo llamo falso delito de odio porque la jurisprudencia de Estrasburgo es taxativa: "La policía difícilmente puede describirse como una minoría o grupo desprotegido que tenga un historial de opresión y discriminación". La Ertzaintza no encaja en esta tipología. Tal vez por eso la Fiscalía de Araba archivó las diligencias.

Hoy, una vez más, nos toca medir las palabras al contar lo que todo el mundo ha visto ya con sus propios ojos. Las imágenes del aeropuerto de........

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