Grock, ¿es eso cierto? |
Algunas veces me asomo al feed de X y me siento como Adrien Brody paseando por las ruinas de Varsovia en la peli de El Pianista. La desolación domina el paisaje. Todo lo que un día fue Twitter, con sus píldoras de humor y de ingenio, se ha ido convirtiendo poco a poco en un tremedal de odio y fake news. No es que las redes sociales de antaño fueran un paraíso erudito, un edén del saber estar o una arcadia de fraternidad digital. Cualquier tiempo pasado no fue necesariamente mejor, pero el sentimiento de degradación es inevitable. El ciberoptimismo de otros tiempos se ha revelado como una triste ilusión óptica.
Desde que X aliñó su red social con una inteligencia artificial de marca propia, el desastre ha tomado tintes de tragedia. Grok echó a andar como una suerte de asistente virtual que aspiraba a competir codo con codo con otros chatbots de la misma naturaleza. Cabía entender la maniobra en el contexto de la pugna personal que libran Elon Musk y Sam Altman. Tras haber abandonado OpenAI, el magnate sudafricano encontró en el ideario de la alt-right un punto de ventaja competitiva ante ChatGPT. Grok se anunció así como un modelo con una “vena rebelde” frente a otras IAs “entrenadas para ser políticamente correctas”.
En fechas recientes, Elon Musk ha difundido una especie de test de Turing que mide la “wokidad” de las IAs. Frente a otros chatbots supuestamente wokes como ChatGPT o Gemini, Grok avala la deportación de extranjeros sin papeles y se apoya en estudios truchos para vincular a la población negra con un cociente intelectual más bajo. “Solo Grok dice la verdad”.........