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No a la monarquía, sí a la república

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12.08.2020

12/08/202011/08/2020 Juan Carlos I y Felipe VI conversan en el exterior de la Catedral de Palma, tras la misa de Pascua, en abril de 2018. AFP/JAIME REINA

A menudo se utiliza la expresión "ventana de oportunidad" cuando existe la posibilidad de cambiar, para mejor, una dinámica que hasta ese momento parecía difícil o imposible de revertir.

Esta expresión puede muy bien utilizarse en relación a la institución monárquica, enfrentada a una crisis histórica con la salida/huida del país de Juan Carlos I, acosado por gravísimos episodios de corrupción, de los que, quizás, sólo atisbamos la punta del iceberg.

Las prácticas de enriquecimiento ilegal y de acumulación secreta de fortuna han estado plenamente instaladas en la Zarzuela y se realizaban con el mayor desparpajo. Todo ello era conocido, pero el consenso con el que se desarrolló la transición política -que reunió tanto a los partidos de la derecha como a la mayor parte de la izquierda- ocultó e incluso lo justificó hasta el día de hoy. Había que proteger la institución monárquica, pieza clave del orden de cosas que sucedió al franquismo y de una transición nada ejemplar, y también preservar los intereses económicos y políticos enquistados en la misma.

Pero recientemente diferentes investigaciones y testimonios han puesto contra las cuerdas al Borbón corrupto, hasta el punto de empujar a su heredero, Felipe VI, y al círculo de poder dominante, a encontrarle una salida fuera del territorio español. Se intenta de esta manera situar al padre lejos de los focos mediáticos y judiciales, en un retiro dorado, para que siga disfrutando allí del dinero robado, bajo la protección del Estado, tal como ha reconocido el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Un escándalo mayúsculo propio de un régimen hecho a medida de los intereses de unas élites económicas y políticas que operan fuera de todo control.

El indecente intercambio de declaraciones entre padre e hijo, publicadas en un comunicado de la Casa Real, es todo un ejemplo de hasta dónde puede llegar la miseria moral de ambos y del intento de dotar a la operación de un relato cínico y mentiroso, destinado a eludir las responsabilidades de ambos.

En esa nota oficial, el emérito justificaba su cambio de residencia con una mención a acontecimientos de su "vida privada". Tal como explicó en un reciente artículo el jurista Gerardo Pisarello, "si los cobros de comisiones, los blanqueos de capitales y los fraudes fiscales que se le imputan eran actos privados, ajenos a su función constitucional, hay buenas razones para sostener que no se encontraba amparado por la inviolabilidad contemplada en el artículo 56.3 de la Constitución".

No resulta menos escandaloso que la mayor parte de nuestros gobernantes, de la clase política y de los medios de........

© Público


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