No es polarización, es demolición

La izquierda no debe agachar la cabeza: sus razones siguen siendo las de millones de personas.

Escribo como ciudadano, como profesor de Historia y, actualmente, como diputado socialista en Madrid. No conozco personalmente a José Luis Rodríguez Zapatero. Nunca he hablado con él. Escribo porque lo que está ocurriendo estos días va mucho más allá de una causa judicial concreta.

La tesis es sencilla: que se investigue todo. Si hay delito, que tenga consecuencias. Pero si no lo hay, también. Porque acusar, destruir reputaciones, alimentar sospechas y usar una investigación abierta como arma política tampoco puede salir gratis.

La política de demolición

No estamos viviendo solo una época de polarización. En democracia siempre hay proyectos distintos. La derecha y la izquierda existen porque no piensan igual sobre la economía, los derechos, los servicios públicos o la igualdad. Eso no es el problema. El problema es otro: la política de demolición.

Demolición es convertir cada institución en un campo de batalla. Demolición es usar una causa judicial antes de que haya sentencia para declarar corrupto a todo un espacio político. Demolición es intentar que la gente de izquierdas baje la cabeza, se esconda y deje de defender aquello en lo que cree.

No toda la derecha es igual.. Una democracia necesita alternancia, pluralismo y adversarios legítimos. Pero existe una derecha reaccionaria que ya no se conforma con disputar el poder: busca erosionar las reglas comunes cuando esas reglas no le garantizan ganar. En Madrid lo conocemos bien. Ayuso y Vox han hecho de esa política de demolición una forma cotidiana de oposición y de gobierno.

Todo lo que huela a igualdad, servicios públicos, memoria democrática, derechos sociales o redistribución se despacha como “socialcomunismo”. No se discute una política: se intenta convertir al adversario en ilegítimo.........

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