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Ni de aquí ni de allá

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07.06.2026

Es una escena que hemos visto miles de veces en pantallas grandes y pequeñas. Alguien se marcha en tren –¿hay un medio de transporte más cinematográfico que el tren?– y otro alguien se queda en el andén; una lágrima asoma en los ojos de ambos. La película suele acaba ahí, pero como nuestras vidas no obedecen a un guion ni a un montaje, allí donde terminan las imágenes continúa nuestro día a día. Y, las personas que nos marchamos en un momento dado con mayor o menor dramatismo de nuestros lugares de origen, ese día a día los pasamos con el corazón dividido.

Recuerdo muy bien aquel primer adiós en la estación de Albacete, parapetado tras una maleta gigante que me habían comprado para pasar mis primeros meses en la universidad. Eran tantas las ganas que tenía de comenzar esa etapa que me cuesta aceptar que, aunque fuera de la manera más cómoda y más decidida, estaba emigrando. Creo que uno no toma conciencia de que se ha marchado de verdad hasta mucho después, cuando se reducen a recuerdo lejano aquellas visitas a la familia que eran sobre todo para un........

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